viernes, octubre 02, 2015

SEGREGACION Y EDUCACION; IDEAS PARA UNA CIUDAD DEMOCRÁTICA


 
 
plazuela Almendral; espacio de encuentro juvenil escolar
Fuente; Gonzalo Gajardo, "de quien son las avenidas; intersticios, identidad y encuentro en el Valparaíso Global", facultad de arquitectura, escuela de graduados U.V. 2011  
 
 
 
Por Álvaro Brignardelo Valdivia
Presidente
sociedad de Varones de Viña del Mar  
 
Estudiar en la escuela que se ubica cerca de la casa, en ciudades caracterizadas por su alta segregación residencial, resulta más un perjuicio que un beneficio, especialmente para los estudiantes de escasos recursos. Si sumamos que, en términos generales y con contadas excepciones, los aprendizajes de los estudiantes de enseñanza básica y media siguen el patrón de distribución de los ingresos de las familias chilenas, estudiar en la escuela ubicada en el barrio segregado y de bajos ingresos es un doble perjuicio, esto pese a la supuesta ganancia en términos de seguridad y de economía para el estudiante y su familia.

Cuando cuestionamos el hecho de emplazar y mantener escuelas públicas y subvencionadas en barrios segregados, estamos señalando que este tipo de medidas, originadas en políticas públicas o en los arbitrios del mercado, refuerzan la segregación social y la configuración de la escuela como un compartimento estanco, caracterizado por la homogeneidad socioeconómica de las familias de los estudiantes y aunque no se haya planeado de esa manera, esta escuela se constituye en un potente factor de segregación social.

Si bien la segregación residencial y escolar es, en mi opinión, un perjuicio para todos los estudiantes, no cabe duda que lo es más para aquellos estudiantes de bajos ingresos económicos, que aprenden menos, en comparación con estudiantes de la misma edad y curso, pero pertenecientes a familias de ingresos altos, y cuya escuela, emplazada cerca de su domicilio, facilita su confinamiento en el barrio segregado. Una ciudad con alta segregación residencial y escolar, tiene poco de democrática, especialmente para los más desfavorecidos, quienes además de recibir una delgada tajada de los ingresos, acceden a una pequeña parte del conocimiento y a una reducida área de la/su ciudad. 

Qué hacer entonces en ciudades con una alta segregación residencial para facilitar que los compartimentos cerrados se abran y den paso a flujos multidireccionales donde la probabilidad de encontrarse con un otro, igual y distinto, es un hecho cierto y no un evento fortuito y escaso?, Cómo estimular el flujo de personas hacia territorios distintos al propio, logrando que la ciudad, ese espacio mayor que actualmente está estructurado en base a compartimentos estancos, se transforme en un espacio propio, común y compartido, más allá de los distritos en los que se emplazan las viviendas y los servicios y bienes básicos? Es posible convertir el espacio urbano segregado y atomizado, principalmente en base al nivel de ingresos y a la calidad y distribución de la infraestructura y del equipamiento urbano, en una ciudad democrática?

Desde la perspectiva pedagógica, la ciudad es una rica fuente de recursos para el desarrollo de experiencias de aprendizaje tanto en lo referido al currículum escolar como a lo concerniente a la formación para la vida en sociedad y en comunidad. Pese a esto, los recursos de la ciudad son poco valorados y en consecuencia escasamente utilizados como eje o complemento en actividades de aprendizaje formal y no formal. La ciudad descansa bajo los cimientos de las escuelas y el aprendizaje se confina entre cuatro paredes o en paquetes de kilobytes, sin percatarse que la puesta en valor de los recursos de la ciudad permitiría, además de lo estrictamente pedagógico, estimular el flujo de personas—niños, adolescentes y adultos—a través de canales que no son los frecuentes hacia destinos ubicados en distritos que no corresponden al compartimento estanco del barrio segregado.

 Viña del Mar es, como se ha dicho y escrito muchas veces, una ciudad de grandes contrastes, con una alta segregación residencial y escolar, principalmente basada en el nivel de ingresos de las familias y en la desigual distribución y calidad de infraestructura y equipamiento urbano, donde la probabilidad de interacción social entre niños y adolescentes de Reñaca y Jardín del Mar con sus semejantes de Forestal y Nueva Aurora, es muy baja o derechamente nula. Las escuelas de unos y de otros se emplazan en los barrios segregados, convirtiendo a ambos en prisioneros de un compartimento estanco, limitados de poder salir de él y de encontrarse con otros iguales y diferentes a ellos.

Hay algo en Forestal que podría movilizar a estudiantes y profesores desde Reñaca o Jardín del Mar hacia su territorio y viceversa, desde Forestal o Nueva Aurora hacia Reñaca? Sin lugar a dudas, la respuesta es Sí. Lo que actualmente falta, no solo por carencia material sino por la adscripción de las autoridades al actual modelo de ciudad, es poner en valor los barrios, promover y facilitar su acceso y conocimiento en la perspectiva de provocar flujos de circulación multidireccionales que abran los compartimentos estancos pese a que ellos aún permanezcan incólumes como un reflejo de la desigualdad que aqueja a nuestro país.

Abrir nuevos destinos al interior de la ciudad, superando las barreras del barrio y de la segregación, es una manera de transformar la ciudad desde otra concepción de conocerla y de habitarla. Si se quiere y declara querer una ciudad y una sociedad integrada, entonces se deben intencionar, desde lo público y si es necesario en contra de las tendencias de mercado, acciones e inversiones que estimulen la circulación, el conocimiento y la valoración del territorio y de sus comunidades. Relocalizar la escuela y poner en valor los recursos de los territorios y de las comunidades, sistematizados y organizarlos como complemento al proceso de enseñanza-aprendizaje es una alternativa, entre muchas otras, que permiten avanzar en la transformación de la ciudad.

martes, septiembre 22, 2015

POLÍTICA URBANA LIBERAL; HISTORIA Y FUTURO


Por Davor Mimica
Ex presidente de red “RED LIBERAL” 
www.redliberal.cl 

La historia de la política urbana y de los objetivos de las autoridades locales ha estado generalmente ligada a la resolución de conflictos y controversias entre diferentes intereses: vecinos versus interés inmobiliarios, actividad comercial versus tranquilidad residencial, áreas verdes versus zonas residenciales, gestión del transporte, etc. Su politización ha sido muchas veces una extensión de ideologías nacionales, aunque el clientelismo local siempre ha sido más relevante que posiciones ideológicas claras, menos aún, posiciones ideológicas urbanas. Sólo recientemente se puede identificar una politización de la discusión urbana, dentro de marcos exclusivamente urbanos: entre modos de transporte, buses vs metro, expansión vs concentración, etc., basándose en modelos de sociedad a veces contrastantes y no siempre respetando las líneas divisorias clásicas (ni las emergentes) de la política partidista chilena.

Para hablar sobre política urbana liberal, debemos primero hacernos cargo del referente histórico relacionado con el experimento urbano neoliberal de 1979 a 1989, tal vez la primera gran ideologización de la política urbana, que tuvo, principalmente por haber ocurrido en una dictadura, profundos impactos en la forma en la que se desarrollaron entonces, y desarrollan aún las ciudades. Este experimento representó una visión simplista de qué implica una política urbana liberal, entendida como la ausencia de regulación, de planificación y de toda forma de obstáculo al natural desenvolvimiento de las fuerzas de mercado en un territorio. Para analizarlo, me apoyaré bastante en un paper escrito por Antonio Daher y publicado en el CEP, a inicios de la democracia como forma de análisis y crítica a la experiencia neoliberal en urbanismo y posteriormente daré algunas luces sobre lo que podría ser una agenda urbana, en el contexto de un liberalismo moderno.

Una revisión de la literatura nos puede dar buenos indicios sobre a qué se refirió el experimento urbano neoliberal. Vamos por las primeras frases que definieron tales políticas: “el suelo urbano no es un recurso escaso”, “el uso de suelo queda definido por su mayor rentabilidad” y "Se definirán procedimientos y se eliminarán restricciones de modo de permitir el crecimiento natural de las áreas urbanas, siguiendo las tendencias del mercado”. Si bien "corresponde al Estado mejorar la calidad del medio ambiente" en las áreas deterioradas, esto se haría "con el objeto de convertir las zonas beneficiadas en áreas atractivas y rentables para la inversión privada" (Política Nacional de Desarrollo Urbano, MINVU, 1981), llegando el Jefe de Desarrollo Urbano del Minvu a declarar que se debe "aceptar que existe una forma natural en el comportamiento de la sociedad urbana", para concluir asegurando que "la liberalización de la normativa que restringe el crecimiento natural de las ciudades no representa ningún riesgo y, por el contrario, incentivaría fuertemente la inversión privada”. Básicamente, lo natural era el mercado y lo mejor que podía hacer la autoridad era hacerse a un lado. La buena administración municipal era una administración ausente.

El Ministro Director de la Oficina de Planificación Nacional, ODEPLAN, Miguel Kast, fue aún más allá, señalando que  "De ser cierto que resulta más barato construir en altura que en extensión, cabe la pregunta de por qué el mercado no ha apuntado en dicha dirección y, por el contrario, apunta a hacer crecer horizontalmente las ciudades", agregando a continuación que en todo caso "no se requeriría la intervención del Estado, ya que si la tierra escaseara cada vez más, su precio subiría hasta el punto de que resulte más atractivo construir en altura que horizontalmente”, concluyendo al señalar que "A menos que el mercado contenga serias imperfecciones, el permitir que las ciudades crezcan horizontalmente beneficiaría al usuario de la vivienda (le sale más barato y lo prefiere), al agricultor (obtiene un mayor valor por su tierra) y al Estado que abarata los costos de infraestructura”. De esta forma, se dejaba no sólo la planificación urbana, sino la territorial y el futuro del campo y el crecimiento de las ciudades al arbitrio de la rentabilidad individual de corto plazo.

La consecuencia en términos de política, fue el Decreto Ley 420 de 1979, que declaró como área de expansión urbana de Santiago a una superficie de 62.000 hectáreas, equivalente a un 160% del área urbana a la fecha. Los resultados de esta política fueron, a todas luces, negativos: ampliación de las ciudades (particularmente en Santiago) con enormes costos en contaminación y transporte, segregación. 

La crítica desde la economía no tardó en llegar. Pablo Trivelli señala en 1981 que  "La libre competencia en el mercado de suelo dista mucho de una situación de competencia perfecta (por) el incumplimiento de los supuestos de homogeneidad del bien, concurrencia, falta de transparencia y movilidad espacial de los recursos, además de los problemas que presentan las externalidades y la especulación de suelo urbano (...) Este mercado se define con mayor exactitud como un caso de competencia monopólica y bajo ciertas circunstancias simplemente como un monopolio”. A esto, Antonio Daher agrega que "A la imperfecta movilidad espacial de los factores se agrega el perfecto carácter inmueble del suelo y su edificación. Esta inmovilidad es un factor determinante de imperfección no sólo del mercado de suelos, sino de la economía urbana en su conjunto. El mercado inmobiliario es por definición un mercado de no transables, y por lo tanto económicamente protegido”, llegando a afirmar que "El suelo urbano, más que un soporte físico necesario a la construcción, es un verdadero conteiner de externalidades. El mercado de suelos urbanos no es tal: es en rigor un mercado de las externalidades anexas al suelo”.

Revisemos qué pasó tras la violenta ampliación de la superficie urbana de Santiago en 1979. La ortodoxia económica decía que al haber mayor oferta, los precios urbanos bajarían de ser más productivos que la producción agrícola que era su alternativa. Si eran menos productivos, se mantendrían constantes. El resultado fue que los precios subieron. Por ello en 1985, se planteó una nueva Política Nacional de Desarrollo Urbano, donde se definió que "El suelo es un recurso económicamente escaso, debido a su naturaleza de bien útil no producido, cuya oferta es inelástica”. Es decir, el suelo pasó de ser no escaso, a escaso. Un giro de 180 grados. Además, se definió que: 

"Dado que las acciones privadas (...) orientadas por los mecanismos de mercado son insuficientes por sí solas para implementar este desarrollo (urbano) y para evitar las externalidades negativas que derivarían de un crecimiento inorgánico, corresponde al Estado la irrenunciable responsabilidad (...)".

Y más: "Esto sólo será posible mediante una (...) planificación del Desarrollo Urbano, que concilie (...) los intereses de los particulares con el interés del Bien Común (...)".
La nueva política aclara más adelante:

"La planificación del desarrollo urbano es una función privativa del Estado. En dicha planificación serán consideradas, entre otras informaciones, las tendencias del mercado (...)". Y se precisa: "Los principios aludidos consagran la libre iniciativa del sector privado el cual, en el desarrollo urbano, está llamado a ser el gestor principal".

Empero, "la iniciativa privada deberá sujetarse a la planificación que establezca el Estado, y, dentro de este marco, orientará naturalmente sus decisiones por el mercado”. Según Daher, el cambio en política implicó no un avance hacia el estatismo, como habría acusado un ortodoxo neoliberal, sino la diferenciación entre bien común y mercado, tanto más necesaria mientras más imperfecto es el mercado. Este cambio fue forzado por las consecuencias del laissez-faire.

La política neoiberal urbana fue, como en tantas muchas áreas, una simplificación hasta el paroxismo de economías complejas y externalidades importantes, convertidas mediante ceguera selectiva en economías simples, competitivas y perfectas, donde un set maximalista de básicas recetas llevaban, por el puro poder del deseo y la voluntad, al bienestar social. Antonio Daher lo dice bien:

"si se trata de reconocer el mercado, resulta científicamente evidente que el urbano es un mercado estructural e intrínsecamente imperfecto. Defender el mercado será, en rigor, corregir o compensar sus imperfecciones. No el laissez-faire.”

Terminando con señalar que el experimento de políticas urbanas neoliberales duró entre 1979 y 1989. Los programas de gobierno tanto de RN como del candidato Hernán Büchi tuvieron como componente importante la regulación en las políticas urbanas, como forma de combatir la que denominaron “anárquica aglomeración urbana”. Finalmente, cito a Daher:

"Que el reconocido éxito del modelo neoliberal en la economía chilena contrasta con su autocrítica y reconocido fracaso en el desarrollo urbano”.

Este tipo de políticas, si bien reconocidas como un fracaso incluso por sus propios promotores originales, tiene aún hoy un importante correlato en algunos modelos de administración municipal. Tal vez hoy los principales ejemplos en comunas avanzadas y con recursos son Viña del Mar y Ñuñoa. Sus actuales modelos de desarrollo tienen relación con un entreguismo desde parcial a total hacia intereses inmobiliarios, junto con una desconexión del crecimiento urbano con las capacidades viales y de espacios públicos para tener un crecimiento sustentable. Es dejar al mercado actuar y ser el protagonista de una planificación territorial mayormente espontánea. Tal vez podríamos sumar a Las Condes en esta lista, pero últimamente la administración de De La Maza ha tenido un interesante giro hacia el fortalecimiento de los espacios públicos, la innovación en el transporte urbano, y la protección de ciertos barrios por razones que van más allá de lo puramente patrimonial, incluso cuando algunas de las implementaciones y decisiones puedan ser criticables desde una perspectiva de ciudad.

El liberalismo, incluso en sus vertientes modernas, alejadas de ortodoxias y burdas simplificaciones económicas, ha tenido un histórico pánico a la planificación central en toda área de la vida en sociedad. La planificación urbana no es una excepción a esta regla, causando estertores espásmicos cuando el concepto es oído por liberales de diversas vertientes.

Hoy, por experiencia, sabemos que la opuesta alternativa, en la línea clásica ideológica del siglo XX entre Estado-Mercado, es un completo fracaso. Pero, más que arriar las banderas y declarar la derrota, el liberalismo bien podría, en este como en tantos otros temas, entender de una vez que tal línea entre Estado y mercado como opuestos excluyentes, es una idea tan atrasada como simplista. Hoy existen, en la práctica, un sinnúmero de modelos y experiencias donde las fuerzas del mercado, como expresión de algunos de los anhelos de las personas, son un buen y necesario complemento a formas de decidir sobre el devenir de los centros urbanos, pasando del mercado como alternativa a la planificación, al mercado como herramienta para una mejor planificación.

Ya sabemos que la maximización de la rentabilidad individual no es el camino para una planificación (o ausencia de planificación) urbana sensata. Esto es porque la mayoría de las relaciones y efectos provocados por políticas urbanas tienen mucho más que ver con la relación entre las personas que con lo que cada una de ellas es capaz de producir. Difícilmente uno podría desconocer que la ciudad es el espacio donde más tiene sentido asegurar que las personas son arrojadas unas contra otras para convivir y desarrollar sus propias vidas. La pregunta entonces no es tanto qué modelo económico debe adoptar una política urbana, sino qué tipo de valores y objetivos son los que tiene una vida urbana liberal, para que la política urbana los proteja, promueva y facilite desarrollar. Por supuesto, confiando en pertenecer a una línea del liberalismo moderna y madura, que abandonó la adolescencia de las certezas que tanto caracterizó a la era neoliberal, no tengo respuestas. Pero sí algunas propuestas sobre dónde debiéramos mirar en términos de principios y objetivos. Nada de maximalismos, sino direcciones generales:

- El protagonismo del espacio público en la ciudad: Nuestro hogar es nuestro reino. Lo definimos como extensión de las vidas que deseamos vivir. Pero el espacio con el que podemos contar para desplegarnos privadamente es escaso, y está bien que así sea. Por ello es la centralidad que deberían cobrar los espacios públicos como extensión de nuestras vidas privadas. Como el espacio tanto territorial como metafórico donde nuestras libertades se traslapan y proyectan en las de otros. Como tal, el despliegue de las vidas que deseamos vivir en torno a los espacios públicos son siempre un asunto delicado, ya que los usos de unos interrumpen o dañan al menos en parte los usos de otros, incluso en sus esferas privadas. Dado que la alternativa de impedir toda influencia del espacio público en la esfera privada de cada persona llevaría a cercenar los espacios públicos de toda utilidad, el camino debe ser gestionar la colisión de libertades y expresiones de maneras razonables para construir una ciudad donde las personas puedan desenvolverse de la manera que desean.

Esto lleva a que cualquier arreglo donde un grupo en particular lo gana todo, mientras los demás son los que incurren en los costos, es un mal arreglo. La ciudad liberal es aquella donde todos ceden una parte menor de sus anhelos para lograr, en conjunto, mucho más. Una donde las libertades se traslapan y se proyectan en los demás. Esto implica ser capaces de ceder en parte en horarios de actividad nocturna, en diversidad de expresiones culturales, etc. Porque espacios públicos robustos, bien diseñados, donde uno quiera pasar el tiempo y desenvolver la propia vida como extensión del mundo privado y conectarse con los demás, son esenciales para la vida urbana moderna y hoy son, tal vez, la mejor oportunidad que tenemos para mejorar la calidad de vida de nuestros ciudadanos.

- La igual ciudadanía: Cada persona vale lo mismo a los ojos de la autoridad. Frase que parece obvia y simple, tiene profundas implicancias a nivel de política pública y regulación urbana, como en transporte y movilidad urbana. Un conductor de un vehículo de 6 metros de largo tiene el mismo derecho a cada metro cuadrado de vías públicas que un ciclista que monta una bicicleta de dos metros de largo o que una persona que, literalmente, ocupa una fracción de metro cuadrado, parada en una micro. Una política correcta, entonces, no debiera ser la que expande los derechos desde la persona al vehículo que escoge usar para transportarse. Tampoco una que desde la política pública intenta privilegiar ciertos modos de transporte por sobre otros por encontrarlos moral y valóricamente más correctos ante la perspectiva del regulador. Una política correcta debiera ser la que otorga a cada persona el mismo derecho al espacio para que pueda transitarlo y usarlo de la manera que le parezca más conveniente. Sólo esta regla, ya generará suficientes cambios como para ir avanzando hacia modos de transporte más sustentables y socialmente eficientes. Este concepto de igual ciudadanía, también debiera aplicarse en la prestación de servicios públicos, en el tratamiento ante la diversidad y manifestaciones culturales y extenderse también al aspecto de las relaciones entre las personas, de modo de asegurar que el trato entre unos y otros respete la igual dignidad democrática de cada uno.

- La participación: La salida propuesta por Antonio Daher a la división entre Planificación/Estado y Planificación/Mercado, es la descentralización y democratización de los mecanismos de planificación urbana. Él llama, a esta micro planificación, su “privatización”, entendida ampliamente, de manera que trasciende a las empresas y donde el rol de los vecinos y usuarios de los territorios cobra importancia. Entonces, la planificación como resultado de la participación y fina observación de los usos urbanos que le dan personas a los espacios. Esto descentraliza y democratiza la ciudad. Tal como la aplicación de un modelo teórico, como la simple plebiscitación de toda decisión no son caminos razonables para una gestión urbana adecuada, los espacios de decisión de la autoridad debieran estar siempre sujetos a una activa revisión y juicio por parte de los ciudadanos y respaldados por el uso de abundante y transparente información: por dónde circulan los ciudadanos, o cómo se conforma la actividad pública, cultural y económica de un territorio. Entonces, una autoridad local y urbana debiera tener como gran objetivo la creación, proliferación y maduración permanente de orgánicas de participación ciudadana de base. Territoriales, temáticas y de convivencia. No sólo por el rol democratizador que es deseable de toda autoridad, sino por el insustituible rol que una participación robusta tiene sobre una planificación urbana exitosa.

- Fomento a los focos de identidad emergentes: Tal vez una de las principales herramientas con las que cuenta la autoridad urbana para realizar una planificación descentralizada y democrática, es la identificación temprana y la adopción de un rol de promover los focos de identidad emergentes. Las dinámicas propias de la ciudad, de las interacciones entre las personas y de los patrones de inversión, consumo y uso de espacios públicos, son elementos constitutivos de las identidades locales y cómo estas van evolucionando, las que se deben tener en consideración en forma permanente si lo que se pretende es entender cómo está funcionando un territorio. Cómo la ciudad está evolucionando y cómo la autoridad puede ayudar a guiar esas evoluciones de manera que minimicen escenarios dañinos (como no ocurrió en el barrio Suecia de Providencia) y cómo puede apoyarlas en forma orgánica para ir potenciando los espacios que los mismos ciudadanos construyen, (como ha ocurrido con la robusta participación ciudadana en el Barrio Yungay, de Santiago). Una autoridad urbana eficiente es una que comprende en forma fina las tendencias específicas, barrio a barrio, cuadra a cuadra, de modo de detectar tempranamente los cambios en la identidad que tienen los diversos espacios, es decir, los cambios en la manera en que las personas, vecinos o usuarios, se relacionan con un espacio determinado. Una autoridad liberal debiera generar procesos virtuosos de acompañamiento a estos cambios, de modo de erradicar a tiempo el brote de tendencias que pueden generar problemas a futuro (brotes de inseguridad, problemas de convivencia, etc.) y de minimizar los costos para las personas que los cambios, incluso los abrumadoramente positivos, siempre acarrean (gentrificación, reemplazos comerciales, etc.). Esto corre para la identificación de un determinado barrio con un comercio en particular, con una arquitectura en particular, con manifestaciones culturales particulares, etc.

- Oferta diversificada de actividad: El liberalismo moderno ha abrazado las banderas de la diversidad. No sólo defendiendo su tolerancia, sino que promoviéndola activa y decididamente. Esto tiene una importante aplicación en las políticas urbanas. Desde la diferenciación entre los barrios, a partir del fomento adecuado de focos de identidad emergentes, hasta la promoción de oferta inmobiliaria, comercial y laboral que promueva la convivencia de personas de diferente origen, identidad y cultura. Pero también en la arena de la oferta de actividad hacia los vecinos y usuarios. Sólo cuando la oferta de actividad en el espacio público y provistas por el comercio es suficientemente diversificada, la población permanente y flotante también podrá serlo. Por ello es que una autoridad urbana liberal debiera promover distintas ofertas de actividad, para diferentes intereses, culturas y experiencias. Esto, por supuesto, incluye una actividad nocturna robusta, pero segura y responsable del impacto que causa en sus vecinos.

Todos los objetivos anteriores suenan muy bien para comunas con elevado desarrollo económico y humano, pero tal vez no para comunas en contextos de pobreza. Espacios públicos, ciudadanía, participación y oferta de actividad podrían definirse como bienes suntuarios en contextos de privación y de necesidades urgentes e inmediatas. Pero esa forma de entenderlos sería un error. Buena parte de lo que compone lo que entendemos como calidad de vida, es la calidad de nuestro entorno y la forma en la que nos relacionamos con él y cómo nos relacionamos, entre nosotros, en él. Espacios, respeto, participación y actividad no son elementos suntuarios, sino mínimos para llevar vidas urbanas más llevaderas, incluso en contextos de pobreza. Incluso, en estos contextos es donde se hacen más necesarios. Ahora, mientras aumenta el desarrollo de un territorio, el proveer hacia sus habitantes y usuarios puede ser efectivamente complementado, a través de un último objetivo:
- Vocación preferente por el turismo urbano: Pocas actividades cumplen y resumen todos los objetivos anteriores, como el turismo urbano. El turismo deja recursos importantes para la actividad privada local, hace uso protagónico de espacios públicos, los que debieran ser diseñados con el potencial turístico en mente. Asegura y promueve un ambiente de diversidad cultural permanente, crea importantes espacios para la participación ciudadana en torno a cómo proveer mejores experiencias y servicios, promueve a través del flujo de recursos, uso y participación el fomento de los focos de identidad emergentes y hace necesaria y prevalente una actitud generalizada de igual ciudadanía, no sólo desde autoridades, sino desde todos los actores sociales y económicos interesados en el fomento de este turismo. Una ciudad que se toma en serio el turismo urbano es una ciudad que no duerme. Que tiene ofertas diferenciadas de experiencias, actividades y consumo a toda hora del día y de la noche. Es una ciudad que es amable en el trato entre las personas y que es intuitiva en sus usos y espacios, como señaléticas y diseño de espacios públicos, traspasando así las barreras de los idiomas. Es una ciudad organizada e integrada en sus servicios, comercio y experiencias, de manera de dar una oferta suficientemente atractiva. Como consecuencia, será una ciudad cosmopolita, generosa en hitos recordables y con un flujo de recursos suficientes como para impulsar círculos virtuosos en construir más y mejores espacios, mejor infraestructura y mejor oferta de experiencias. En fin, los más beneficiados serán siempre, más que los turistas, los usuarios y particularmente los vecinos.

Estas son sólo algunas líneas, ni exclusivas ni excluyentes, de lo que podría ser una agenda liberal de política urbana. La discusión que nos interesa es cómo corregirla, complementaria y potenciarla, para hacer del liberalismo un protagonista en la bienvenida politización de la discusión urbana que se viene y donde esperamos hacer de Providencia una plataforma que lidere la vanguardia de esta discusión.

lunes, septiembre 14, 2015

SECUESTRARON LA GEOGRAFÍA; murieron por un "lugar de esperanza"



Ya doblando la esquina de Septiembre los alumnos de la PUCV hacen un particular homenaje a sus desaparecidos en dictadura. murieron pues, por un <<lugar de esperanza>>





especial recuerdo a Freddy Taberna;  Iquiqueño, Geografo, dirigente Socialista



FORTALECER LA ESCUELA PUBLICA, PERO ¿DONDE UBICARLA?



por Álvaro Brignardello Valdivia
presidente
mutual de Varones de Viña del Mar
Existe amplio consenso técnico y político respecto de la necesidad de reformar el sistema educativo chileno, no solo en el Gobierno y en los partidos de la Nueva Mayoría, impulsores de la reforma sino también entre académicos e investigadores que han señalado, a partir de múltiples estudios y desde larga data, cuáles son los factores que han permitido la consolidación de un sistema educativo socialmente segregado y en el que los aprendizajes se distribuyen, de manera desigual, conforme se distribuyen los ingresos de las familias de los estudiantes.
Pese al consenso anterior, no hubo, entre los actores previamente referidos, unanimidad respecto de cuál debía ser el punto de partida del proceso de reforma. Si bien la opción del Gobierno estuvo puesta en la eliminación de los procesos de selección/exclusión escolar, del financiamiento compartido y del lucro con recursos públicos, elementos que finalmente quedaron contenidos en la ley de Inclusión escolar, hubo voces que plantearon, como prioridad y punto de inicio de la reforma, el fortalecimiento de la educación pública por sobre la corrección de las condiciones de funcionamiento del sector particular subvencionado, señalando que, en modo alguno, resultaba contrario al objetivo de lograr mejores aprendizajes y mayores niveles de integración social, en el espacio de la escuela, partir por el fortalecimiento de la educación pública.
Pero dado que el objeto de esta columna de opinión no es realizar un ejercicio de análisis contra factual que permita visualizar escenarios posibles en el caso de haber comenzado por fortalecer la educación pública y no por eliminar los tres factores segregadores que hoy hacen de eje en la ley de inclusión escolar, centraré el foco de este análisis en la problematización de la descontextualización territorial y urbana de la cual, en mi opinión, adolece la exigencia de fortalecimiento de la educación pública.
La escuela es un espacio de relaciones entre personas que, dinámica y bidireccionalmente, enseñan y aprenden, y en el caso de la escuela pública, estas relaciones entre personas y con el conocimiento ocurre o debiera ocurrir en el marco de un proyecto educativo laico, humanista y democrático. No es la intención de estas notas, definir ni acotar los eventos y procesos planificados y/o emergentes que ocurren en la escuela pública, pues ellos son múltiples y variados. Lo que importa, como problematización para efectos de este análisis, es preguntarse si el fortalecimiento de la escuela pública asegura per se una mayor integración social, independiente de la localización espacial de la escuela.
Muchas de las ciudades del país reflejan, en el espacio urbano, la desigualdad socioeconómica que sitúa a nuestro país como uno de los más desiguales del mundo en cuanto a la distribución del ingreso por hogares. No obstante lo anterior, no existe consenso entre los investigadores en torno a que esto sea una norma que se verifica en todas las ciudades. Por el contrario, algunos estudiosos del tema afirman que las ciudades no reflejan la desigualdad de ingresos, pero sí evidencian una clara segregación residencial.
Pero donde hay mayor consenso es en la segregación escolar, la que en términos simples y directos significa que pobres estudian con pobres, ricos con ricos y la clase media con sus semejantes. El espacio de la escuela, con contadas excepciones, es homogéneo en relación a los ingresos de las familias, lo cual evidencia la baja o nula integración social en el espacio educativo.
 En ciudades segregadas socioeconómicamente, la escuela municipal o particular subvencionada, emplazada en el barrio segregado, tiende a aumentar la distancia y el no encuentro entre miembros de grupos sociales diferentes, reduciendo la probabilidad de que estudiantes pobres establezcan relaciones sociales con estudiantes de otros grupos socioeconómicos. En este sentido, situar la escuela en la proximidad del domicilio, en el contexto de ciudades altamente segregadas, y promover que los estudiantes asistan a las escuelas que se ubican en las proximidades de sus domicilios, más que un beneficio para el estudiante y su familia, representa un perjuicio para el logro de una sociedad integrada y cohesionada sobre la base de sus semejanzas y diferencias. Valga hacer notar, que el llamado a estudiar en la escuela cercana al domicilio resulta incumplido por sectores medios y altos, quienes están dispuestos al traslado, a veces desde un extremo al otro de la ciudad o de una comuna a otra, con tal de llegar a la escuela escogida.
La escuela pública debe ubicarse material y simbólicamente en el centro de la ciudad, en el ágora de la polis y no en el barrio segregado, de manera que el estudiante—niño o adolescente—rompa la barrera geográfica del barrio y se haga parte y a la vez se apropie del espacio público y común de la/su ciudad. Mantener la escuela en el barrio y a los niños y niñas conviviendo solo con sus iguales
Si bien no es imposible, transformar las ciudades en la dirección de reducir la segregación y la desigual distribución de bienes y servicios públicos y privados, implica enfrentar intereses, por lo general privados, que buscan la mantención del statu quo o, peor aún, el aumento en la segregación urbana en pos del aumento de la plusvalía o derechamente del encapsulamiento social en distritos urbanos habitados solo por iguales.
Frente a esto, escuela pública y de calidad, emplazada en el centro de la ciudad, constituye una alternativa para romper la segregación urbana, facilitando el encuentro, el diálogo y el conflicto entre sujetos diferentes que se construyen mutuamente a partir de sus diferencias y semejanzas.
 

domingo, septiembre 13, 2015

CARTOGRAFIA DE LAS ERRADICACIONES FORZADAS 1979 - 1985 (R.M). Septiembre; a 42 años de la dictadura capitalista

 
 
 
en la Historia, todo primer acto de implantación capitalista es siempre violento.
Karl Marx.
 
"Pregunta; ¿pueden los geógrafos contribuir de manera adecuada, eficaz y significativa a la formación de la política pública?;
 
respuesta; el general Pinochet es un geógrafo de formación y en todos los sentidos introdujo la geografía en la política púbica ...
 
el general Pinochet cambió la geografía de Chile... me interesa usar este ejemplo de la inyección de la geografía en la política pública para plantear dos cuestiones muy básicas que deben preguntarse, antes de cualquier tipo de implicación de la geografía en la política pública; <<qué tipo de geografía>> y << en qué tipo de política pública>>."
 
 
David Harvey; "espacios del capital. hacia una geografía crítica". ed. AKAL, 2007. parte I; conocimientos geográficos - poder político. Cap. 2 ¿Qué tipo de geografía para qué tipo de política pública?. págs. 41 - 42  

viernes, septiembre 11, 2015

KPD; EL SUEÑO DE LA VIVIENDA DIGNA DE SALVADOR ALLENDE


* Por Adres Brignardello Valdivia 
La política de vivienda de Salvador Allende estuvo centrada en la construcción de viviendas para los sectores de menos ingresos y el mejoramiento de las precarias condiciones habitacionales en las que vivía una gran parte de Chile. Para 1970, el déficit habitacional era cercano a las 600.000 viviendas, producto del crecimiento poblacional del país y de la explosiva migración campo ciudad surgida por la creciente industrialización promovida desde el Estado a partir de una agresiva política de sustitución de importaciones a partir de la crisis financiera del año 29.
Durante décadas, el Estado chileno había ensayado distintos modelos de gestión en el campo de la vivienda, desde iniciativas que iban desde la promulgación a principios de siglo de la ley que creaba el Consejos de la Habitación Popular en 1906 hasta la ley 6.640 de enero de 1941 donde se constituyó el Fondo de la Construcción de la Habitación Popular para organizar desde el aparato público una estrategia más efectiva para la coordinación de distintos estamentos sociales y productivos en lo referido a proyectos habitacionales.
En 1942, se promulgó la Ley 7.600, ante la agudización del problema habitacional, que llevó al Estado a reorganizar la Caja de Crédito de la Habitación Popular que había sido creada en 1936, entregándole un nuevo impulso proporcionándole aportes económicos y una gama mayor de atribuciones como el aporte obligado del 5% de la industria para construir casas para su personal, además de la concesión de una serie de franquicias tributarias para la llamada habitación económica entre otras iniciativas. Luego del nacimiento de las tomas de terreno durante la década de los 50 y de la transformación del movimiento obrero en un movimiento popular donde a las tradicionales demandas laborales se sumaban ahora la de vivienda, salud, urbanización, el Estado había creado organismos como CORVI, CORHABIT y CORMU, había promulgado un primer texto de una Ley de Vivienda y Urbanismo y para 1965 creo finalmente el Ministerio de Vivienda y Urbanismo.
En ese contexto, y luego del terremoto que asoló la zona central de país y de las ambiciosas metas planteadas por el gobierno del presidente Allende para promover justicia social en el campo de la vivienda, la Unión soviética donó al pueblo de Chile una moderna fábrica de construcción de edificios prefabricados que vino a innovar, no solo en el campo de la diplomacia la tradición de la colaboración técnica, sino que vino también a mostrar un modelo de solución habitacional completamente nuevo para las técnicas nacionales y de gran éxito en Europa luego de la segunda Guerra Mundial.
Durante febrero de 1972 el barco “Lunacharsky” trajo el primer envío con el equipamiento para la fábrica y se inició su construcción en terrenos propiedad de CORFO en el sector de El Belloto. La fábrica fue diseñada para construir paneles prefabricados de concreto para el programa de vivienda social del Ministerio de Vivienda. La fábrica fue conocida inmediatamente por la comunidad como KPD sigla del Ruso KMA, que significa “construcción con grandes paneles”.
El diseño de la planta fue traído por los soviéticos quienes en conjunto con arquitectos e ingenieros chilenos realizaron el proyecto de instalación según la topografía de los terrenos CORFO. Para ello realizaron un plano donde las distintas reparticiones de la empresa estarían ubicadas teniendo para ello un sentido estratégico desde la perspectiva operativa, como de la satisfacción del personal que laboraría en ella. El diseño que sugirieron los ingenieros rusos y que finalmente se constituyó como el proyecto arquitectónico final consideraba las distintas áreas de la producción tales como: Almacenamiento de moldes, almacenamiento de Armaduras, Desencofrado, Subestaciones eléctricas, Depósitos de cemento y agregados, chimenea, calderas, torre de refrigeración, cámaras calentadoras de agua, edificios administrativos, comedores, estacionamientos y otras dependencias.
Para cumplir las metas del programa de la Unidad Popular, los ejecutivos y autoridadeshabían diseñado un plan que en el sexenio 1970 -1976 se comprometía a edificar treinta y un millones de metros cuadrados edificados entregando quinientos mil soluciones habitacionales. Se pretendía construir un 63% de las viviendas en altura y un 37% en extensión. En lo que dice relación con la política de equipamiento, se programó construir 1m2 edificado en relación con cada vivienda urbana y un 1,5% edificado en cada vivienda rural.
Con esas exigentes metas, los profesionales rusos llegaron durante el proceso de montaje y dirigieron personalmente cada una de las etapas previstas en el proyecto. La gran mayoría manejaba el idioma español pues muchos habían desarrollado un proyecto similar durante 1964 donde una planta similar fue instalada en la isla de Cuba luego de un devastador huracán.
Durante casi todo el periodo de montaje, la situación del país se había polarizado al extremo. El presidente visitó dos veces la zona y las obras en construcción. La prensa de la época casi no destacó las visitas ni menos la significativa obra que allí se levantaba. Un día antes de emprender vuelo en un viaje que lo llevaría a las Naciones Unidas y Moscú, Salvador Allende inauguró las instalaciones de la fábrica soviética de viviendas prefabricadas KPD, un 22 de noviembre de 1972.
Durante su existencia como empresa, KPD llegó a producir cerca de 153 edificios de departamentos en Quilpué Valparaíso, Viña del Mar y Santiago, y estaba diseñada para producir anualmente 140.000.-m2 habitables, estimando en 1.600 departamentos por año la capacidad instalada por los profesionales soviéticos y los trabajadores chilenos capacitados en la producción. Cada  edificio contaba  con 16 departamentos, 6 de tres dormitorios (de 84 m2.) y 10 departamentos de 2 dormitorios (aproximadamente 67.m2). Hasta la fecha ningún otro sistema ha superado esta producción anual, ni la superficie asignada a cada departamento. En la  fábrica del Belloto  300 personas trabajaron en 2 turnos de 12 horas para fabricar los paneles, mientras otros 400 trabajadores fueron empleados  en diferentes localidades levantando los edificios.
La mañana del 11 de septiembre de 1973, las relaciones chileno soviéticas fueron detenidas por la fuerza. La empresa KPD fue tomada por asalto por tropas provenientes de la Base Aeronaval de El Belloto. Los turnos completos de quienes salían y quienes entraban esa mañana fueron detenidos y conducidos al estadio Playa Ancha y luego a los barcos Lebu y Maipo. Una gran cantidad de profesionales soviéticos fueron detenidos, torturados y posteriormente expulsados de Chile. Los cerca de 50 profesionales soviéticos fueron detenidos y sus casas allanadas por parte de efectivos de la Armada. Un grupo de ellos, fue llevado a la Academia de Guerra para ser interrogados para luego ser liberados por una intensa campaña diplomática, y sacados del país cerca del 18 de septiembre.
La misión de la fábrica, que estuvo encabezada por el Ingeniero Viktor Voronets, alcanzó a terminar su misión construyendo la primera gran población en el sector de Belloto Sur en julio de 1973. La planta quedó instalada con una gran capacidad de producción gracias a la moderna tecnología soviética para esa fecha toda una novedad en la producción de viviendas sociales. La Armada la administró durante algunos años cambiándole el nombre a fábrica de Viviendas Económicas Prefabricadas (VEP). El diseño neoliberal que tomó la economía chilena a fines de la década de los 70 hizo que la planta se convirtiera en una contradicción para los fundamentalistas del mercado. Así fue como en 1981 la fábrica fue desmantelada, rematada y olvidada por el Estado de Chile.
Sin embargo, la memoria se niega a olvidar aquello que se convierte en patrimonio social de una comunidad y resignifica sus experiencias traumáticas para convertirlas en mitos que le dan un sentido positivo a las vidas de las personas. Por ello, las obras construidas por la empresa chileno soviéticas se encuentran en pie en barrios emblemáticos de ciudades importantes del país y son las huellas de un gobierno y de un líder indiscutible en nuestra historia. El proyecto KPD, el proyecto de viviendas dignas para hombres y mujeres dignos, es una prueba insoslayable de que el sueño que encarnó Salvador Allende, de dignidad y progreso es posible.

jueves, septiembre 10, 2015

PODUJE "EL VÁNDALO"




Por Gonzalo Gajardo Vistoso


“Yo soy el urbanista Valenzuela,
Quien debe solucionar
El más fundamental de los problemas
Que es el de transitar.
Yo me presento, hago mis planes
Y antes que usted diga ¿cómo hará?,
¡Tapo los hoyos, prendo las luces,
Corro las veredas para allá!”


La pérgola de las Flores


Canción del Urbanista Valenzuela


* Precaución; el presente comentario es un desliz ideológico en respuesta a otro desliz ideológico.


En un artículo titulado <<marcas del subdesarrollo>> (revista “Que Pasa” julio 2015)  Iván Poduje, arquitecto urbanista de fuste y líder de la agencia “metropolítica”, reflexiona libre y resueltamente acerca de la proliferación Graffittys en la ciudad de Valparaíso, abriendo fuegos según reza;

“Lejos de ser inocentes manifestaciones sociales o de arte callejero, los grafitis vandálicos profundizan la inequidad y afectan aún más a las zonas carenciadas. Basta de minimizar el problema.”

La ciudad es una caótica y compleja trama, material y simbólica, por donde al fin de cuentas se abre paso la vida. Siendo así y más allá del volumen físico que la soporta, la ciudad es en sí un gran discurso. Como tal, es intersubjetiva y está poblada de “actores” con diversos intereses, que sintetizan y performatean colectivamente el devenir y trascurrir de ese complejo sistema llamado urbe. 

La ciudad es; flujo y conflicto. Vale la pena entonces detenerse en las palabras de Poduje pues, no son la inocua y aislada expresión de un experto sobre un problema más, sino la voz de un actor con un claro y decidido propósito.

No nos referiremos a cuestiones obvias; los Graffitys en la ciudad suelen ser expresiones de “incivilidad”. Lo que importa aquí, es entender; cómo y desde dónde se aprecian ideológicamente estos actos, junto al fenómeno urbano de fondo. Una expresión de incivilidad, tificada incluso penalmente como falta menor es relegada, in – curso, al universo simbólico de la violencia en calidad de “Vandalismo”. Calificada, ni más ni menos, como patología urbana  “agudizante de la inequidad y la desigualdad  en la ciudad”.

Los discursos civilizatorios y segregatorios no son cosa nueva en Valparaíso. Durante buena parte del siglo XIX y XX, distintas escuelas de planificación urbana se dieron maña para trabarse, apelando a consignas sobre higiene y orden, en sendos proyectos de remodelación areal del plan. 

Más allá de los avances de aquella ciudad progresista, los resultados finales de estas operaciones fueron; la realización urbana del capital mediante la aceleración de la circulación (mercancías) y la contención de los pobres fuera de la polis. Se configura así el barrio almendral como síntesis especulativa del suelo y la avenida Colón, en el piemont, como limes de la barbarie.    

Hoy, los afanes de una polis concreta y central han cedido lugar a la geografía de redes y centros dispersos. Valparaíso se ve a sí mismo como “global”. Pero la operación ideológica capitalista sobre la ciudad y el espacio público, sigue siendo la misma y más feroz; la idea ahora, no es contener sino expulsar.

Los infestos y ruines de ayer son los vándalos urbanos de hoy. Esta vez, el sujeto indeseado pierde rostro, cuerpo y lugar. Muta en una suerte de encapuchado invisible que, al no estar en ninguna parte, se halla presente en todas. Circula en masa en calidad de “enemigo público”, colándose cancerígeno por cuanto espacio hay.

Asociar el Graffitty a la tugurización de la ciudad en nuestro contexto, constituye una pintoresca y criolla formula discursiva, por decir lo menos, de amplificación del sujeto de control.  Pero, su brutalidad no es menor. Son estas las sugestivas formas de alienación del cuerpo y la presencia en la ciudad global, la hora del estigma y la neo criminalización ha llegado.    

La ciudad higiénica metamorfosea en ciudad segura. El gobierno y la gestión urbana, van adquiriendo un grave y peligroso giro conservador en base políticas locales de “tolerancia cero”. No es baladí, que se citen casos de planes de gobierno urbano de corte policial como el “Mayor`s anti graffitty taks force”, algo así como; “fuerza municipal de combate al rayado” inaugurada por el alcalde de Nueva York Rudolph Giuliani.

Lo de Poduje no es más que un lamentable ensayo de exclusión discursiva, en pro sin duda de un nuevo empeño de renovación urbana, en un Valparaíso en buena medida obsoleto.  Un arriesgado intento también, de legitimidad ante el inminente conflicto generalizado por la apropiación (material y simbólica) de los recursos en la economía urbana, que está por venir.

El nuevo intento por planificar una extensa área virtuosa, irá esta vez de la mano de la híper densificación y la construcción en altura, recibiendo el influjo del patrón inmobiliario del Santiago metropolitano y la energía “destructiva y creadora” (parafraseando a Marx) emanada del centro de comando y control del capital financiero especulativo.

A esta hipótesis de área se opondrán tenazmente, con grados más menos de eficaz concertación;  el territorio reticular, los mundos de vida y lugares intersticiales de “esperanza” de los actores porteños. Pugnarán por una gobernanza urbana del capital, en la ciudad y el espacio público,  basada en el reconocimiento y la inclusión.   

El proceso urbano es violento, porque el primer acto de implantación capitalista siempre lo es. La renovación urbana sin conceso ni gobierno, basada en el ultra beneficio inmobiliario traerá indefectiblemente consigo; aguda segregación socio espacial y gentrificación, la más sistemáticas y sofisticadas formas de inequidad y violencia ejercidas sobre la población.

Según el contexto, a luz de la cuestión material del discurso en la ciudad, el único vándalo en escena es el propio Iván Poduje.        

martes, enero 01, 2013

UNA EXTRAÑA ESCENA DE MICRO Y MACRO ESPACIO


 






<<Y si la empresa de la mina del cielo azul no viene en mi rescate
Si la empresa de azúcar refinada no me salva

¿Quién va a salvarme?>>

 
Midnight Oil; “Blue Sky Mine”

 
Hace un par de días tuve oportunidad de asistir, en la localidad de Quintero, a la primera rueda de consulta pública en relación al ante proyecto de ley <<norma de emisiones para fundiciones de cobre y fuentes emisoras de arsénico>> a cargo de la autoridad ambiental[1].
 

La jornada trató acerca de las restricciones a que serán sometidas las emisiones de dióxido de azufre y arsénico que abundan en el aire, el agua y el suelo de algunas geografías del País. Elementos responsables de una toxicología carcinógena crónica, acumulada durante décadas, que ha condenado a la muerte a generaciones completas de trabajadores y pobladores aledaños a las usinas de fundición de cobre y plantas de ácido sulfúrico. Chile es un país minero… y también de enfermos crónicos.

 
 Los habitantes de Quintero y Puchuncaví se preguntan si alguna razón o fuerza benévola les devolverá la frondosidad y fertilidad de su antiguo valle… si los peces volverán a salir a raudales desde el mar… si los jóvenes volverán de su exilio a vivir de vuelta al seno de su comunidad… si los viejos intoxicados cancerígenos podrán morir en paz… si pervivirá su estirpe y memoria. Los técnicos responden con el cuño de un extraño e initeligible futuro… eluden la corresponsabilidad Histórica del estado… la fantasmagoría de este inunda la atmosfera de la <<consulta pública>>, colmando de carga científica y crudo realismo la desolada conciencia de esta tragedia.

 
En Chile hay siete fundiciones de cobre con planteles químicos y minero industriales de toda naturaleza aglomerados en su entorno. De su renta y ganancias han participado, cual más cual menos, privados y también el Estado. Indistintamente, desde la nacionalización del recurso hasta la restitución de la propiedad de este al capital transnacional se ha duplicado, en millones de toneladas, la fundición de concentrado… indistintamente también, las comunidades se han aglomerado en los márgenes de los polos mineros contribuyendo a la acumulación de valor con fe en el progreso, sus pulmones y otros órganos humanos.


Transcurre la reunión en medio del frío, la desorientación y el tedio… irrumpen de pronto un par de dirigentes sindicales de la Fundición Ventanas, aún de propiedad de CODELCO. Interpelan a los técnicos y a los asistentes de modo amenazante;  

 


<<no permitiremos que cierren la fundición… no permitiremos que liquiden nuestras fuentes de trabajo… no permitiremos que por el medio ambiente nos echen a la calle… no permitiremos que nuestra comunidad se vea afectada… no queremos un pueblo fantasma… no permitiremos que secuestren las faenas… defenderemos hasta las últimas consecuencias nuestro derecho al trabajo digno, Aquí en nuestro Quintero y nuestro Puchuncaví >>

 
¿Qué hay tras esta paradojal escena?


 Hace un par de meses atrás el vicepresidente ejecutivo de la minera estatal amenazaba en conferencia de prensa y a nombre de la minería Chilena, cual pontífice, que de avanzar en leyes restrictivas como estas, se verían obligados al cierre de planteles con graves consecuencias en los dispositivos de control del precio del cobre en el mercado mundial (amenazas de las ventajas comparativas del proceso fundición en China) y en las finanzas del País.

 

¿Qué hace que los trabajadores asalariados y sindicalizados, antagonistas naturales a la fuerza expoliadora del capital, alinien los <<intereses de la clase>> a la estrategia y la táctica patronal?

 
 ¿Por qué la aguda tensión del medio ambiente, la ecología y la calidad de vida no es reconocida y legitimada en el discurso de los trabajadores convencionales?      

 
Espacios del capital y espacios de esperanza
 

Siguiendo al geógrafo radical David Harvey (Harvey; 2000) lejos de lo que pudiera creerse a simple vista, esta situación no responde a una pérdida de fuerza y validez de los presupuestos antagónicos que articulan el materialismo Histórico y la lucha de clases presentes en el manifiesto comunista; a pesar de las inmensas fuerzas totalizantes desplegadas por el capitalismo en el proceso globalizador; la relación entre capital y trabajo sigue siendo el concepto sustancial de la dinámica de acumulación de valor en el espacio global, y el <<trabajador proletario>> una categoría de una riqueza y significación teórica y política insustituible.

 
Lo que aquí trasunta, es la incomprendida y aún no asimilada situación del proceso de producción social del espacio por parte del movimiento obrero progresista tradicional. En la dinámica de acumulación capitalista el espacio, así como el tiempo, es la síntesis de una economía de relaciones sociales; la conceptualización del espacio y la transformación geográfica son producidas a favor del régimen de acumulación.

 
Existe pues una <<intrincada dinámica espacial de la lucha de clases>>, aún no incorporada con propiedad en el pensamiento y acción emancipatoria; en sus ideas de estado, sociedad, solidaridades materiales, valores, éticas, humanismos y acervo universal en general.   

 
A decir de Harvey;

<<se deduce, por lo tanto, que mientras el movimiento de la clase obrera no aprenda a enfrentarse a esa capacidad burguesa de dominar el espacio y producirlo, de dar [siempre] forma a una nueva geografía de la producción y de las relacione sociales, siempre jugará desde una posición de debilidad más que de fuerza. De la misma forma, mientras este movimiento no acepte las condiciones y diversidades geográficas, además de Históricas, de su propia existencia, será incapaz de definir, articular y luchar por una nueva alternativa socialista real al dominio capitalista>> [2]

 
Con todo, el capital en el contexto globalizador no ha podido lograr subsumir  <<lo real>> a su esencia homogeneizante. La lucha emancipatoria  deberá superar atavismos arcanos y categorías igualmente homogeneizantes que las del proceso capitalista, resistiendo a la fragmentación en base a una unidad global maciza fundada en la fuerza y la esencia heterogénea.
 


¿Qué hace la diferencia entre el antagonismo ecológico y ambiental de una pequeña comarca y su fundición de cobre al sur del mundo, respecto de una remoción en masa por degradación de suelo en una barriada  de Brasil o Bangladesh o respecto de la lucha por la dignidad y la sobrevivencia de mujeres trabajadoras de una maquila en un villorrio centro americano?

 
La toxicología crónica de Quintero – Puchuncaví por arsénico y dióxido de azufre es un ejemplo de cómo se imbrica progresivamente en la escala local la red del espacio capitalista global total de hoy. No sólo condensa la geografía de la mega apropiación planetaria del valor, sino que además escenifica la absoluta alienación de la vida misma. Es en esto último, la tragedia global del flujo de la vida, en que solidariza con las infinitas geografías, de opresión y también de esperanzas, esparcidas por el planeta. 
     


Pero con entera justicia alguien podría refutar señalando que, esta mirada carecería de un fundamento significativo, universal e Histórico, en la relación entre micro y macro espacio en la producción geográfica capitalista así como de inconsistencia de sujetos y actores solidarios y antagonistas, por decirlo de algún modo; al nivel universalizante del internacionalismo proletario, por ejemplo.

 


He aquí una cuestión crucial; el proceso capitalista ya no es abstracto como en sus albores. Borracho de triunfo y resistencias fragmentarias, el capitalismo global del siglo XXI tiende a la realización y concretitud plena de su ideología y a la construcción de un orden material absolutamente real, a la espacialización absoluta de sus funciones, a la conquista y dominación total del paisaje. Ergo, La unidad de los explotados y oprimidos del mundo ya no es posible de ser conseguida mediante categorías igual de abstractas. En este tráfago las categorías políticas del mundo del trabajo han quedado desnudas retornando por fuerza al origen y fuente original; El cuerpo… el cuerpo que trabaja, sufre  y se aliena.

 


<<el cuerpo que trabaja, es por tanto, un ámbito de resistencia que alcanza dimensión política mediante la capacidad política de los individuos para actuar como agentes morales… la universalidad de la lucha de clases se origina en la particularidad de las personas y en que la política de clases debe trasladarse de nuevo a personas significativas… es necesario encontrar formas de conectar el micro espacio del cuerpo con el macro espacio, lo que ahora se denomina globalización>>[3]    


 


La situación ecológica y humana de Quintero – Puchuncaví no sólo es la derivada sacrificial  de un largo proceso Histórico de obtención de beneficios y renta, del crecimiento, del PIB per cápita y del ensanche en la base de la riqueza que permita <<incorporar>> más y más trabajadores asalariados. Hoy, es también la constitución <<global>> de una localidad en una red de geografías símiles y disímiles, en que el capital “evanece” todas los contornos conocidos del mundo del trabajo penetrando inmoralmente hasta el cuerpo de los ciudadanos habitantes, inculcando en el intertanto las reglas de una economía de la muerte y la naturalización de un orden masivamente desbastador.   

 
En pro de la inmediata igualdad y la conquista real de derechos, los trabajadores de Chile no sólo deberán reivindicar el bienestar según la distribución precaria de ingresos y pseudo poder, sino que deberán deducir también de la tasas de beneficios, la aniquilación del medio en que se posicionan y contextúan así como el rol que juegan en la dinámica del espacio global capitalista, en conciencia, reciprocidad y solidaridad con cada uno de los habitantes del planeta tal como lo planteara hace más 150 años ya el manifiesto comunista.

 

Hoy y con más fuerza que nunca,

 

 

TRABAJADORES DEL MUNDO; ¡UNÍOS!







[2] David Harvey; Espacios de esperanza. Ed. AKAL, Madrid – España 2.000. pág. 65


[3] David Harvey; Op. Cit. Pág. 67