sábado, noviembre 24, 2018




BRUTALIDAD TRANSPARENTE

Nueva institucionalización de la violencia policial 

El tractor da marcha atrás. El conductor y el joven acompañante vuelven sobre sus pasos, de seguro a una velocidad menor por el alcance de la máquina. Huyen, saben que – con o sin causa – son una presa salida del bosque, apetecida por los cazadores.

Las ráfagas se multiplican. Los tiros impactan en el móvil. Cunde el terror en los muchachos, conductor y acompañante. Uno es alcanzado por la espalda, mientras los policías disparaban casi por deporte, ajenos a toda doctrina, protocolo y estándar establecido. Así quedo al menos de manifiesto, tras las indagaciones del fiscal.

El testimonio de un menor de edad ha sido clave para el esclarecimiento, al menos parcial, de los acontecimientos. Rendido, arrestado, golpeado y encarcelado es sindicado en los partes como coautor de un crimen. La arrojada acción de personal de derechos humanos, consigue sacar a la luz su relato y salvarle quizás de un nefasto destino. 

Es un hecho brutal. No obstante aquello, tanto el ministro del interior como el general director de la policía uniformada se limitan durante las primeras horas, con abulia, a ratificar los sucesivos partes policiales, sin más racionalización que la propia facticidad de la brutalidad. Sin ningún asomo de ponderación institucional y política de aquella.
  
Transcurridas las horas, emplazados y compelidos por la prensa a responder por el uso desmedido de la fuerza ante un delito común, el ministro del interior retoriza  con el imaginario de la <<presencia policial>>. Un sonso devaneo, un discurso incapaz de conceptualizar la frontera de la legalidad y legitimidad de los actos incurridos.  

El general director por su parte, explica – al nivel del cinismo – la brutalidad a partir de la doctrina de lo <<impredecible>>, una suerte de economía de lo colateral (sugiero ver las respuestas de la diputada Carmen Hertz). Lo último, fue el intento de <<humanización>>, en la destrucción de un chip que evidenciaría el error procedimental y táctico cometido. Similar lógica ocurre a la hora de desmentir los falsos partes.

Así pues, la brutalidad se nos hace normal, inocua, transparente. Un ente incorpóreo, un espectro inasible al  brazo de ley, la moral y la ética. Un estado de barbarie de contornos difusos, de difícil reproche. Un sofisticado virus troyano, que penetra las barreras del viejo estado de derecho, que inocula indiferencia, naturalidad, a veces sensiblería.

La violencia es estructural, se ha dicho desde Hobbes hasta Bourdieu. Las sociedades se han dado maña – poder y cultura mediante – para contener y conducir aquella <<ley sagrada>>. Hoy nos enfrentamos a algo distinto, la era global es la era de la brutalidad; un tipo de violencia cuyas magnitudes y flujos, al igual que la mercancía, supera las escalas de lo conocido. En nuestras sociedades, la brutalidad pugna por ser institucionalizada. De ahí pues, la proliferación de estas facetas estupidizantes, presentes  en el discurso de aquellos llamados a ser garantes de su caución.

Sobre esto hay mucho escrito. No es menester abundar aquí. Lo importante es preguntarse, cómo un país medianero como el nuestro ha llegado hasta este umbral. Esto empieza pues, desde mucho antes. Cuando el estamento político cede a la comodidad y confort de la lógica de control ofrecida por las policias. Cuando comienza a despuntar la figura del nuevo  <<estado corporativo>> en nuestro siglo. No es casualidad que la brutalidad aflore en una zona geográfica, diferencial y deliberadamente empobrecida, para la expansión del capital. 

Ahora es el turno de la derecha neoliberal de ofrecer respuestas. Su excelencia el presidente de la república se encuentra de gira por la zona. No se sabe muy bien, si para contención política o para reificación de la brutalidad transparente. Por lo pronto, vale la pena detenerse en los últimos gestos y palabras del ministro de justicia Hernán Larraín quien, en su discurso del <<caiga quien caiga>> ha decidido al parecer, desmarcarse de la nueva forma de institucionalización.  

lunes, octubre 08, 2018

EL SURGIMIENTO DEL SINDICATO DE PESCA ARTESANAL S – 24 DE LA BAHÍA DE QUINTERO.Geografía del desplazamiento y expulsión en una zona de sacrificio





EL SURGIMIENTO DEL SINDICATO DE PESCA ARTESANAL S – 24  DE LA BAHÍA DE QUINTERO
Geografía del desplazamiento y expulsión en una zona de sacrificio

Por Gonzalo Gajardo Vistoso

“… tengo 25 años,  soy de Quintero. Cuando niño me fui a Lebu… con mi abuelo pescador. Volví a Quintero porque siempre me gusto. Soy de Quintero… soy descargador de Jibia, después se me dio la oportunidad de salir (navegar) y me gusto aún más… yo nunca me he desligado del mar. Siempre he estado con él”[1]

El sindicato y cooperativa de pesca artesanal <<septiembre 24>> S – 24 de la bahía de Quintero, es una organización que hoy se ha hecho emblemática al liderar la denuncia y la movilización contra la contaminación y la afectación a la salud de la población en la zona por estos días, hecho que ya contabiliza del orden de los mil intoxicados. 

La mañana del jueves 4 de octubre, conocimos la lamentable y triste noticia de la trágica partida de uno de sus más destacados integrantes.  Mi comentario pues, no tiene como propósito abundar en el examen de la contingencia, ampliamente tratada por la opinión pública, sino más bien destacar el contexto en el que surge esta organización y comunidad litoral, su experiencia en el paisaje sacrificial en que se inscribe, así como las reivindicaciones y luchas que comporta. 

He tenido el privilegio de conocer de cerca, aquel genuino sentimiento de <<familiaridad y apego>>[2] que liga emocionalmente a esta comunidad con el litoral y comprender, en alguna medida, la angustia sentida al ver como su mundo de vida y praxis se disipa sin más. Quisiera pues, que estas breves líneas fueran un  reconocimiento a aquel Alejandro pescador de 29 años y con él, a todos sus cófrades. A sus anhelos, a sus desvelos ante tanta objeción para vivir de la forma en que él quería hacerlo; en y con el mar… en su <<caleta cultural>>, título que habla en propiedad de la reivindicación de una forma de vida hoy amenazada.

S – 24, es una organización de pesca artesanal compuesta por una generación de  jóvenes pescadores. Por aquellos que han querido continuar con este oficio,  tradición y cultura en el litoral pese a todos los acicates que hoy incitan a dejarlo.

No tiene un muelle ni un terreno de playa desde donde operar formalmente. El gobierno local es renuente a reconocerles como legítimos actores del borde costero. La autoridad sectorial no les ha prestado suficiente apoyo en cuestión de fomento. Las compañías del polo industrial y sus políticas expansivas sobre la bahía, les sindican como amenaza. Su opción de dejar la pesca extractiva para convertirse en acuicultores, se ha visto truncada. S – 24 vive una <<experiencia de expulsión>> de su espacio vivido, un extenuante proceso de <<desplazamiento de la subjetividad>> (Janoschka; 2016)[3]  en el territorio.

Es menester mirar la zona de sacrificio de la bahía de Quintero – más bien todas las bahías de sacrificio del país[4] – no como contextos aislados, sino como <<bordes sistémicos>> (Sassen; 2015) [5] de un nuevo tipo de espacio global y una nueva geografía del desplazamiento y expulsión, que emerge en el país (y el planeta) con diversas facetas e intensidades.

El proceso de desarrollo territorial de la bahía de Quintero, así como en el resto de las bahías industriales del país, comporta hoy un violento proceso – material y simbólico – de <<apropiación negativa>> (Lefebvre; 1974)[6], yuxtaposición e interpenetración espacial global y local, representado en las fuerzas transformadoras industriales (energía y la minería) y los mundos locales.

Como se señalara en un anterior comentario[7], buena parte de aquel desarrollo está dominado por la expansión portuaria en la zona. A raíz de ello, la pesca artesanal sostiene distintos tipos de conflictividad; inocuidad alimentaria, superposición de usos litorales e interferencia marítima, acceso a infraestructura portuaria y borde costero y políticas de relocalización de caletas.

 El sindicato y cooperativa artesanal S – 24 de Quintero, surge en respuesta a este cuadro de conflicto socio ambiental y al calor de sucesivas emergencias ambientales registradas desde 2014 en adelante[8]. Así pues, la organización ha construido en el tiempo, un discurso de <<temor a la pérdida de su lugar>> en el litoral y en la vida local. En adelante pues sostendrá – contingencias aparte – una activa agenda de movilización en pro de la defensa y preservación de su identidad y cultura.

S – 24, vive un profundo sentimiento de desarraigo y despojo de su lugar, una experiencia expulsiva cifrada en un agudo proceso de ruptura de los patrones de vida y continuidad social. Cuando las comunidades no pueden transmitir su cultura e identidad, cuando no pueden simbolizar su existencia espacial, estamos en presencia de experiencias que reflejan; desapropiación en el sistema social y desplazamiento definitivo en el territorio de sujetos y actores  tradicionales, frente a fuerzas económico productivas – ahora globales – violentamente emplazadas.   

Hablamos pues, de la desposesión – indisposición (Bourdieu)[9] – del capital espacial, causada por procesos de naturaleza; material, política, económica, simbólica y psicológica. Expulsión, desposesión y desplazamiento, franquean la lógica sacrificial que domina el paisaje. Los agentes locales desplazados no se reapropian positivamente del espacio ni ofrecen resistencia  a las fuerzas externas. Así pues, el proceso territorial se ve hegemonizado por el crecimiento económico, en desmedro de las otras dimensiones de la sustentabilidad como son; el desarrollo humano y la cultura.

Chile es un país abierto económicamente y globalizado hace tiempo ya. No obstante los conflictos acumulados a causa de aquel proceso, vienen  pues a concienciarse y a hacerse patentes hoy. Las zonas de sacrificio están, en un proceso de mancomunión. Es esperable que, al  calor de aquello, a las amplias demandas por un mejor ambiente se agreguen considerandos de orden socio territorial, y que en ese tenor y más allá de cierto clamor anónimo, surjan específicamente fuertes resistencias más bien culturales e identitarias. Es el caso de S – 24.



[1] Juan Suarez. Dirigente de sindicato y cooperativa S – 24 de caleta embarcadero, Quintero. Juan es casado y tiene 2 hijos. Se radico definitivamente en Quintero, dejando las faenas mineras en las que se insertó, como operador especializado de maquinaria, muy tempranamente.

[2] Me refiero a un proyecto de investigación en desarrollo, al amparo del magister en gestión de proyectos urbano regionales de la universidad Viña del Mar, referido a la experiencia de expulsión y desplazamiento sufrido por S – 24 en el contexto. en dicho proyecto, se analizan los tipos de sentimientos topofílicos (Tuan Yi Fu),  que la comunidad sostiene con el entorno.

[3] El geógrafo inglés Michael Janoschka, define el desplazamiento como;  “Una operación que restringe las opciones de los sectores de menores ingresos de encontrar un lugar adecuado para vivir en un espacio concreto… En este sentido, indica lo que ocurre cuando fuerzas externas al entorno del hogar imposibilitan mantener o desarrollar la vida en un lugar, por diferentes razones”. Michael Janoschka; <<Gentrificación, desplazamiento, desposesión Procesos urbanos claves en américa latina>>. Revista INVI N° 88, 2016. FAU Facultad de Arquitectura y urbanismo de la Universidad de Chile. Pág. 33.
                                                      
[4] La bahía de Quintero ha sido ampliamente reconocida por la opinión pública en este último tiempo, como una <<zona de sacrificio>>. Organizaciones no gubernamentales (ONG’s), movimientos sociales y ambientalistas, y a ratos  el propio estado, manejan esta nomenclatura para referirse a un lugar caracterizado principalmente por; una situación toxicológica crónica irremontable (producto de décadas contaminación en el medio), un evidente daño ambiental y ecológico, además de riesgo para la salud de la población, la responsabilidad de parte de la industria y de parte de las políticas de desarrollo territorial impulsadas por el sector público, así como la percepción de los habitantes de vivir en condiciones de riesgo, deterioro de la calidad de vida, postergación y rezago.   El concepto <<zona de sacrificio>> ha evolucionado, junto al territorio y al paisaje, desde consideraciones estrictamente biológicas y toxicológicas a comprensiones de orden socio territorial. En su oportunidad, el instituto nacional de derechos humanos (INDH) determinó la existencia de tres  zonas de sacrificio en el país; Bahía de Quintero, Bahía de Mejillones, Bahía de Tocopilla, levantando nutridos informes en donde se retrata y verifica el carácter de la conflictividad socio ambiental existente en estos territorios y la vulneración de derechos humanos de tercera generación.

[5] La expulsión presenta como características la <<concentración aguda de recursos materiales y simbólicos, brutalidad y desastre humanitario>>. Sassen establece una correlación entre estos fenómenos de aguda desposesión, con la desaparición misma de la sociedad liberal tal como la conocemos desde la revolución burguesa e industrial de los siglos XIX y XX, dando paso a <<una fase que está apenas empezando, fase caracterizada por las expulsiones>>. Las expulsiones se correlacionan en última instancia con la progresiva disipación del bien común y los derechos humanos instituidos. Saskia Sassen, “Expulsiones; brutalidad y complejidad en la economía global”. Katz editores, Buenos Aires 2015.  Págs.40 – 41 

[6] Henry  Lefebvre, “la producción del espacio” (1974). Capitán Swing libros, España 2013.

[8] Al calor de la intensa actividad portuaria en la bahía, se han producido en los últimos cinco años, diversas emergencias ambientales que han afectado al medio marino y que han concitado movilización social y gran atención de la opinión pública. En septiembre de 2014 se vertieron al menos 22 mil litros de hidro carburos en la bahía de Quintero, tras una falla en uno de los terminales de multicrudo de ENAP. En mayo de 2016 se produce una nueva emergencia tras un derrame de slurry oil, altamente maleable a las condiciones oceanográficas y a tan solo 3 km de distancia (mancha aproximadamente de 1 hectárea) de las áreas de manejo bentónico al norte de Quintero.

[9]  Según la conceptualización producida por Pierre Bourdieu de posición en el campo social de poder y la disposición de capital material y simbólico por parte de los agentes sociales, en el proceso de disputa y apropiación en el sistema y el espacio social.

martes, septiembre 11, 2018

DESARROLLO PORTUARIO INDUSTRIAL. una clave territorial del conflicto socio ambiental en Quintero


DESARROLLO PORTUARIO INDUSTRIAL

Clave territorial del conflicto socio ambiental en Quintero
Por Gonzalo Gajardo Vistoso

mural Quintero 2013



En los últimos días hemos sido testigos de una nueva emergencia ambiental atmosférica, producida en Quintero zona de sacrificio. La situación ha puesto en riesgo la salud de al menos 400 habitantes, según consignan las propias autoridades; sanitaria, ambiental y organismos de protección civil a cargo de gestionar la amenaza y la crisis.

Las emergencias ambientales son recurrentes en la bahía. Al calor de estas, el disenso y el conflicto socio ambiental en la zona, se reavivan con gran emotividad bajo la temática de las <<vidas toxificadas>>[1].


De un tiempo a esta parte, dichas emergencias vienen concitando polémica en la opinión pública, haciendo de Quintero y Puchuncaví los íconos mediáticos del riesgo y el daño toxicológico, frente a la injusticia ambiental y burocracia institucional y científica.

Esta vez, en un arriesgado intento por institucionalizar la crisis y contener la crítica pública, la ministra de medio ambiente demandó perentoriamente a la superintendencia, pronunciarse en 48 horas acerca de responsabilidades en las emisiones que toxificaron el ambiente de Quintero, así como de eventuales procesos sancionatorios.    

El superintendente de medio ambiente, se juega esta vez por levantar cargos a la estatal ENAP, en base a una hipótesis infraccional que dice relación con; la supuesta emanación de sustancias tóxicas desde grandes estanques de almacenamiento de hidro carburo y otros compuestos, ubicados en su terminal marítimo de trasvase en la bahía de Quintero.

La resolución del 5 de septiembre[ii] emitida  por  la superintendencia, ha sido fuertemente cuestionada; por la escasa relación de causalidades establecida, así como por las falta de independencia y autonomía institucional que debiera  sostener dicho organismo frente a la contingencia.

Empero, dicha resolución contiene un antecedente revelador que pudiera ser clave en la evolución  de la conflictividad en el corto  y mediano plazos. En el oficio se indica que; el terminal marítimo de ENAP, que ha obtenido sucesivas resoluciones de calificación ambiental RCA entre 2001 y 2009, por  sucesivas ampliaciones en su capacidad[iii], no ha podido ser evaluado integralmente en relación al contexto y la dinámica territorial de la zona.

En efecto; ENAP, OXIQUIM, GNL, puerto Ventanas y otros, han expandido sustancialmente sus operaciones portuarias industriales y graneleras en la bahía Quintero. El sistema portuario industrial materializó, entre 2000 y 2013, una inversión cercana a los 1.600 MUS$ principalmente en; ampliaciones, modificaciones, aumento de capacidad en terminales y muelles para diferentes tipos de carga energética (carbón, petróleo, GNL)[iv].

La plataforma logística <<ventanas>>, ya representaba al 2014 un 13% de importancia en el sistema portuario regional. Durante la década del 2000, la dirección de territorio marítimo de la armada de Chile DIRECTEMAR alertó en innumerables ocasiones, acerca de la saturación de la bahía y de los riesgos ambientales asociados[v].

Conocidas son las disputas entre compañías, por el control y dominio del litoral y el borde costero. Conocida es también la conflictividad – interferencia, inocuidad alimentaria, infraestructura, relocalizaciones – sostenida con diversos actores del litoral, a propósito del ciclo de expansión portuario industrial y el desplazamiento de las comunidades de su hábitat.

El acto administrativo de la superintendencia, más allá de su pertinencia, revela las  causas estructurales del conflicto socio ambiental en la bahía de Quintero; el tipo de desarrollo territorial del borde costero norte de la región y la fuerte presión transformadora a la que es sometido el litoral.

Difícil es advertir si la tensión en el borde costero subsumirá o potenciará el escenario de conflicto actual. Difícil es saber si los intentos de la autoridad por institucionalizar y encausar sectorialmente el conflicto, surtirán el efecto esperado. Por lo pronto sabemos que, las cuatro zonas de sacrificio – Quintero, Tocopilla, Huasco y Coronel – con iguales condiciones territoriales estructurales, se encuentran movilizadas y mancomunadas y que, otros territorios que se percibe sacrificiales se suman a un clamor que ya alcanza nivel global.     



[1] Manuel Tironi, a cargo del estudio “comunicación del riesgo ambiental para las sustancias potencialmente contaminantes en el aire, suelo y agua”, encargado por la autoridad ambiental al DICTUC en 2014 tras el derrame de hidro carburos a la bahía, acuña el concepto de <<vidas toxificadas>>, para referirse a la percepción y tematización del daño ambiental en la zona de Quintero – Puchuncavi. Paralelamente evoluciona y se solapa progresivamente la temática del desarrollo local frustrado, que representa la injusticia territorial que sufren las zonas de sacrificio.

[ii] RES. EX. N°1  / F – 30 – 2018, que formula cargos a ENAP refinerías S.A.

[iii]las operaciones del terminal marítimo comenzaron con anterioridad a la entrada en vigencia del sistema de evaluación de impacto ambiental… tras numerosas modificaciones, las instalaciones hoy incluyen 13 estanques de petróleo crudo, con una capacidad de almacenamiento de 405.000.- m3; 4 fondeaderos y 5 ductos para transportar hidro carburos; una zona de bombas que se conecta a la refinería Aconcagua… 30 estanques cilíndricos para el almacena miento de gas licuado de petróleo, con una capacidad de almacena miento de 162.000.- m3… el terminal marítimo nunca ha sido evaluado ambientalmente en forma integral.” [iii] RES. EX. N°1  / F – 30 – 2018… Pág. 1, numeral 2.     

[iv] Estos antecedentes fueron expuestos en; Gonzalo Gajardo, “topofilia en una zona de sacrificio. Experiencia de expulsión y desplazamiento en la comunidad de pesca artesanal  S – 24 de Quintero”. Tesis para optar al grado de magister en gestión de proyectos urbano regionales. Escuela de arquitectura UVM, 2018. 

[v]  “topofilia en una zona de sacrificio…” Op.Cit.

viernes, marzo 03, 2017

CAMIROAGA URBANO



CIUDAD Y PODER; <<CAMIROAGA URBANO>>



“El espacio público ideal es un espacio de conflicto continuo
y con continuas maneras de resolverlo
para que éste después se vuelva a reabrir”
David Harvey

La semana recién pasada pobladores, familias residentes del campamento “Felipe Camiroaga” ubicado en la parte alta del sector Forestal, el segundo más grande de Viña del Mar y quizás de Chile, irrumpieron en la agenda festivalera para representar sus demandas barriales y locales. 

Un hecho que, aunque muchos lo hubiesen querido, no pasó por anécdota ni cosa aislada. Su irrupción concitó la preocupación y cobertura de la prensa que hasta entonces se encontraba concentrada en la escena de glamour local.

Episodios como estos, son indicativos de la proliferación de conflictos urbanos de diversa naturaleza e intensidad en nuestras Ciudades hoy. Conflictos que, las más de las veces, son soslayados a causa de la desinformación interesada con que se construye opinión pública en estas materias y sobre los cuales, resulta indispensable observar todas sus claves problemáticas.

La urbe es una estructura espacial representativa de la forma – desigual – en que se realiza el producto social. En términos políticos, es también una manifestación física de la esfera pública, por ende, un paisaje en el que circulan y se tensionan diversos intereses en conflicto y en donde, en última instancia, cristalizan los antagonismos estructurales de clase. La ciudad y el territorio, su  configuración espacial dinámica, son una faceta más de una lucha por la hegemonía cultural, motivada por disputas valorativas en el seno de la sociedad. 

 ¿Qué alcances, materiales y simbólicos, adquiere el proceso urbano y la lucha hegemónica que este representa? 

Las clases dominantes imponen sus pautas en nuestras ciudades así como  lo hace en nuestra sociedad actual. Estas clases, que están sobre representadas no sólo en la esfera pública sino también – correlativamente – en el paisaje urbano, imponen su visión y tipos valorativos respecto de la modernización, el bienestar y la calidad de vida urbana, a objetos de traducirlos a mercancía y plusvalor en la ciudad.  Así, la dominación reproduce sus hábitos y predilecciones sobre la realidad y el cotidiano, según aquel paisaje que le es propicio; el de la híper acumulación de la renta urbana y el capital fijo infra estructural.  Consecuentes pues con la hegemonía, la prensa y sus editoriales hablarán del proceso urbano y de la ciudad virtuosa solo en función de lo ocurrido en los lugares de distinción, de alto plus valor y de mega inversión.     

Esta diferenciación arbitraria y unilateral, cultural y geográfica, no sería posible sin una operación (ideológica) de exclusión y segregación sobre aquel “resto” socio territorial sobrante donde no se acumula. En el pasado, aquel espacio diferencial (resto) fue objeto de diversos discursos excluyentes y fronterizos; desde el tratamiento a la “barbarie” de Vicuña Mackenna, el “higienismo” de los salubristas, los “panópticos” socializantes, entre otros. Sin embargo, ninguno de ellos sostuvo una clausura total de la alteridad (Bauman) y del encuentro con el “otro”, como ha ocurrido hoy en tiempos del capitalismo global que gobierna hoy  nuestras ciudades.

Lo de hoy es la invisibilización absoluta. Los desarrolladores y grupos inversionistas parecieran ser los únicos agentes y actores conformadores de realidad urbana, otros sujetos concretos capaces también de producir socialmente ciudad y territorio resultan inapreciables e inexistentes. A la luz de las autopistas, las nuevas ciudades privadas (incluyen malls, cines y equipamiento para la policía) y los densos bordes costeros, se constituye a contracara una periferia opaca y desconocida, una penumbra constituida hoy en frontera de temor, inseguridad y horror al vacío.


Sin embargo, la realidad es otra. Por sobre los imaginarios dirigidos y las ciudades simuladas, la dialéctica territorial no detiene ni su marcha y ni su ascenso. Pese al refuerzo editorial, los conflictos por formar parte de la esfera pública y el paisaje, no declinan sino que cunden. Más allá del ninguneo o el reporte diario de violencia y decadencia, con que se encubren las brechas y disparidades estructurales y el desencuentro en el habitar, los asentamientos precarios, los viejos barrios cuyos residentes se han vuelto vulnerables o los lugares en peligro de tugurizacion, luchan mancomunada y organizadamente para exigir y ejercer verdadero poder público, en pro de una construcción social territorial en base a una moral y significaciones distintas, en donde la marginación y la desesperanza sean motivos de profunda indignación.

El campamento Felipe Camiroaga no solo manifestó para el anecdotario festivalero su demanda ante la falta de servicios básicos (agua potable, luz eléctrica, recolección de residuos). Se movilizó ocupando la calle, por causa del hastío ante el ninguneo y la violencia sistemática ejercida por el gobierno municipal al negar su gestión. Esta situación, es precedida por un solapado juego de intereses especulativos e inmobiliarios, asociados a las proyecciones de nuevas vialidades y ciudadelas privadas inscriptas en los paños entre Curauma y el acceso a Viña del Mar (Las Palmas, Rodelillo), lugar en donde radican hoy cerca de 4.000 personas, intentando permanecer sin ser radicados a las periferias de Villa Alemana o Reñaca Alto a costos sociales y humanos impagables y bajo la tenaz oposición de agentes públicos y privados que presionan por el  despeje del área, para así franquear el paso a la creación de suelos de alto valor, eliminando hitos indeseados para el deleite de estilos de vida basados en el derroche… y la ceguera.


Viña del Mar debió, al menos por breves instantes, dejar de mirar el escaparate de su malograda y decadente línea costera y volcar la mirada a sus mesetas, para mirarse y reconocerse en la verdadera Historia de su poblamiento. 

viernes, octubre 02, 2015

SEGREGACION Y EDUCACION; IDEAS PARA UNA CIUDAD DEMOCRÁTICA


 
 
plazuela Almendral; espacio de encuentro juvenil escolar
Fuente; Gonzalo Gajardo, "de quien son las avenidas; intersticios, identidad y encuentro en el Valparaíso Global", facultad de arquitectura, escuela de graduados U.V. 2011  
 
 
 
Por Álvaro Brignardelo Valdivia
Presidente
sociedad de Varones de Viña del Mar  
 
Estudiar en la escuela que se ubica cerca de la casa, en ciudades caracterizadas por su alta segregación residencial, resulta más un perjuicio que un beneficio, especialmente para los estudiantes de escasos recursos. Si sumamos que, en términos generales y con contadas excepciones, los aprendizajes de los estudiantes de enseñanza básica y media siguen el patrón de distribución de los ingresos de las familias chilenas, estudiar en la escuela ubicada en el barrio segregado y de bajos ingresos es un doble perjuicio, esto pese a la supuesta ganancia en términos de seguridad y de economía para el estudiante y su familia.

Cuando cuestionamos el hecho de emplazar y mantener escuelas públicas y subvencionadas en barrios segregados, estamos señalando que este tipo de medidas, originadas en políticas públicas o en los arbitrios del mercado, refuerzan la segregación social y la configuración de la escuela como un compartimento estanco, caracterizado por la homogeneidad socioeconómica de las familias de los estudiantes y aunque no se haya planeado de esa manera, esta escuela se constituye en un potente factor de segregación social.

Si bien la segregación residencial y escolar es, en mi opinión, un perjuicio para todos los estudiantes, no cabe duda que lo es más para aquellos estudiantes de bajos ingresos económicos, que aprenden menos, en comparación con estudiantes de la misma edad y curso, pero pertenecientes a familias de ingresos altos, y cuya escuela, emplazada cerca de su domicilio, facilita su confinamiento en el barrio segregado. Una ciudad con alta segregación residencial y escolar, tiene poco de democrática, especialmente para los más desfavorecidos, quienes además de recibir una delgada tajada de los ingresos, acceden a una pequeña parte del conocimiento y a una reducida área de la/su ciudad. 

Qué hacer entonces en ciudades con una alta segregación residencial para facilitar que los compartimentos cerrados se abran y den paso a flujos multidireccionales donde la probabilidad de encontrarse con un otro, igual y distinto, es un hecho cierto y no un evento fortuito y escaso?, Cómo estimular el flujo de personas hacia territorios distintos al propio, logrando que la ciudad, ese espacio mayor que actualmente está estructurado en base a compartimentos estancos, se transforme en un espacio propio, común y compartido, más allá de los distritos en los que se emplazan las viviendas y los servicios y bienes básicos? Es posible convertir el espacio urbano segregado y atomizado, principalmente en base al nivel de ingresos y a la calidad y distribución de la infraestructura y del equipamiento urbano, en una ciudad democrática?

Desde la perspectiva pedagógica, la ciudad es una rica fuente de recursos para el desarrollo de experiencias de aprendizaje tanto en lo referido al currículum escolar como a lo concerniente a la formación para la vida en sociedad y en comunidad. Pese a esto, los recursos de la ciudad son poco valorados y en consecuencia escasamente utilizados como eje o complemento en actividades de aprendizaje formal y no formal. La ciudad descansa bajo los cimientos de las escuelas y el aprendizaje se confina entre cuatro paredes o en paquetes de kilobytes, sin percatarse que la puesta en valor de los recursos de la ciudad permitiría, además de lo estrictamente pedagógico, estimular el flujo de personas—niños, adolescentes y adultos—a través de canales que no son los frecuentes hacia destinos ubicados en distritos que no corresponden al compartimento estanco del barrio segregado.

 Viña del Mar es, como se ha dicho y escrito muchas veces, una ciudad de grandes contrastes, con una alta segregación residencial y escolar, principalmente basada en el nivel de ingresos de las familias y en la desigual distribución y calidad de infraestructura y equipamiento urbano, donde la probabilidad de interacción social entre niños y adolescentes de Reñaca y Jardín del Mar con sus semejantes de Forestal y Nueva Aurora, es muy baja o derechamente nula. Las escuelas de unos y de otros se emplazan en los barrios segregados, convirtiendo a ambos en prisioneros de un compartimento estanco, limitados de poder salir de él y de encontrarse con otros iguales y diferentes a ellos.

Hay algo en Forestal que podría movilizar a estudiantes y profesores desde Reñaca o Jardín del Mar hacia su territorio y viceversa, desde Forestal o Nueva Aurora hacia Reñaca? Sin lugar a dudas, la respuesta es Sí. Lo que actualmente falta, no solo por carencia material sino por la adscripción de las autoridades al actual modelo de ciudad, es poner en valor los barrios, promover y facilitar su acceso y conocimiento en la perspectiva de provocar flujos de circulación multidireccionales que abran los compartimentos estancos pese a que ellos aún permanezcan incólumes como un reflejo de la desigualdad que aqueja a nuestro país.

Abrir nuevos destinos al interior de la ciudad, superando las barreras del barrio y de la segregación, es una manera de transformar la ciudad desde otra concepción de conocerla y de habitarla. Si se quiere y declara querer una ciudad y una sociedad integrada, entonces se deben intencionar, desde lo público y si es necesario en contra de las tendencias de mercado, acciones e inversiones que estimulen la circulación, el conocimiento y la valoración del territorio y de sus comunidades. Relocalizar la escuela y poner en valor los recursos de los territorios y de las comunidades, sistematizados y organizarlos como complemento al proceso de enseñanza-aprendizaje es una alternativa, entre muchas otras, que permiten avanzar en la transformación de la ciudad.

martes, septiembre 22, 2015

POLÍTICA URBANA LIBERAL; HISTORIA Y FUTURO


Por Davor Mimica
Ex presidente de red “RED LIBERAL” 
www.redliberal.cl 

La historia de la política urbana y de los objetivos de las autoridades locales ha estado generalmente ligada a la resolución de conflictos y controversias entre diferentes intereses: vecinos versus interés inmobiliarios, actividad comercial versus tranquilidad residencial, áreas verdes versus zonas residenciales, gestión del transporte, etc. Su politización ha sido muchas veces una extensión de ideologías nacionales, aunque el clientelismo local siempre ha sido más relevante que posiciones ideológicas claras, menos aún, posiciones ideológicas urbanas. Sólo recientemente se puede identificar una politización de la discusión urbana, dentro de marcos exclusivamente urbanos: entre modos de transporte, buses vs metro, expansión vs concentración, etc., basándose en modelos de sociedad a veces contrastantes y no siempre respetando las líneas divisorias clásicas (ni las emergentes) de la política partidista chilena.

Para hablar sobre política urbana liberal, debemos primero hacernos cargo del referente histórico relacionado con el experimento urbano neoliberal de 1979 a 1989, tal vez la primera gran ideologización de la política urbana, que tuvo, principalmente por haber ocurrido en una dictadura, profundos impactos en la forma en la que se desarrollaron entonces, y desarrollan aún las ciudades. Este experimento representó una visión simplista de qué implica una política urbana liberal, entendida como la ausencia de regulación, de planificación y de toda forma de obstáculo al natural desenvolvimiento de las fuerzas de mercado en un territorio. Para analizarlo, me apoyaré bastante en un paper escrito por Antonio Daher y publicado en el CEP, a inicios de la democracia como forma de análisis y crítica a la experiencia neoliberal en urbanismo y posteriormente daré algunas luces sobre lo que podría ser una agenda urbana, en el contexto de un liberalismo moderno.

Una revisión de la literatura nos puede dar buenos indicios sobre a qué se refirió el experimento urbano neoliberal. Vamos por las primeras frases que definieron tales políticas: “el suelo urbano no es un recurso escaso”, “el uso de suelo queda definido por su mayor rentabilidad” y "Se definirán procedimientos y se eliminarán restricciones de modo de permitir el crecimiento natural de las áreas urbanas, siguiendo las tendencias del mercado”. Si bien "corresponde al Estado mejorar la calidad del medio ambiente" en las áreas deterioradas, esto se haría "con el objeto de convertir las zonas beneficiadas en áreas atractivas y rentables para la inversión privada" (Política Nacional de Desarrollo Urbano, MINVU, 1981), llegando el Jefe de Desarrollo Urbano del Minvu a declarar que se debe "aceptar que existe una forma natural en el comportamiento de la sociedad urbana", para concluir asegurando que "la liberalización de la normativa que restringe el crecimiento natural de las ciudades no representa ningún riesgo y, por el contrario, incentivaría fuertemente la inversión privada”. Básicamente, lo natural era el mercado y lo mejor que podía hacer la autoridad era hacerse a un lado. La buena administración municipal era una administración ausente.

El Ministro Director de la Oficina de Planificación Nacional, ODEPLAN, Miguel Kast, fue aún más allá, señalando que  "De ser cierto que resulta más barato construir en altura que en extensión, cabe la pregunta de por qué el mercado no ha apuntado en dicha dirección y, por el contrario, apunta a hacer crecer horizontalmente las ciudades", agregando a continuación que en todo caso "no se requeriría la intervención del Estado, ya que si la tierra escaseara cada vez más, su precio subiría hasta el punto de que resulte más atractivo construir en altura que horizontalmente”, concluyendo al señalar que "A menos que el mercado contenga serias imperfecciones, el permitir que las ciudades crezcan horizontalmente beneficiaría al usuario de la vivienda (le sale más barato y lo prefiere), al agricultor (obtiene un mayor valor por su tierra) y al Estado que abarata los costos de infraestructura”. De esta forma, se dejaba no sólo la planificación urbana, sino la territorial y el futuro del campo y el crecimiento de las ciudades al arbitrio de la rentabilidad individual de corto plazo.

La consecuencia en términos de política, fue el Decreto Ley 420 de 1979, que declaró como área de expansión urbana de Santiago a una superficie de 62.000 hectáreas, equivalente a un 160% del área urbana a la fecha. Los resultados de esta política fueron, a todas luces, negativos: ampliación de las ciudades (particularmente en Santiago) con enormes costos en contaminación y transporte, segregación. 

La crítica desde la economía no tardó en llegar. Pablo Trivelli señala en 1981 que  "La libre competencia en el mercado de suelo dista mucho de una situación de competencia perfecta (por) el incumplimiento de los supuestos de homogeneidad del bien, concurrencia, falta de transparencia y movilidad espacial de los recursos, además de los problemas que presentan las externalidades y la especulación de suelo urbano (...) Este mercado se define con mayor exactitud como un caso de competencia monopólica y bajo ciertas circunstancias simplemente como un monopolio”. A esto, Antonio Daher agrega que "A la imperfecta movilidad espacial de los factores se agrega el perfecto carácter inmueble del suelo y su edificación. Esta inmovilidad es un factor determinante de imperfección no sólo del mercado de suelos, sino de la economía urbana en su conjunto. El mercado inmobiliario es por definición un mercado de no transables, y por lo tanto económicamente protegido”, llegando a afirmar que "El suelo urbano, más que un soporte físico necesario a la construcción, es un verdadero conteiner de externalidades. El mercado de suelos urbanos no es tal: es en rigor un mercado de las externalidades anexas al suelo”.

Revisemos qué pasó tras la violenta ampliación de la superficie urbana de Santiago en 1979. La ortodoxia económica decía que al haber mayor oferta, los precios urbanos bajarían de ser más productivos que la producción agrícola que era su alternativa. Si eran menos productivos, se mantendrían constantes. El resultado fue que los precios subieron. Por ello en 1985, se planteó una nueva Política Nacional de Desarrollo Urbano, donde se definió que "El suelo es un recurso económicamente escaso, debido a su naturaleza de bien útil no producido, cuya oferta es inelástica”. Es decir, el suelo pasó de ser no escaso, a escaso. Un giro de 180 grados. Además, se definió que: 

"Dado que las acciones privadas (...) orientadas por los mecanismos de mercado son insuficientes por sí solas para implementar este desarrollo (urbano) y para evitar las externalidades negativas que derivarían de un crecimiento inorgánico, corresponde al Estado la irrenunciable responsabilidad (...)".

Y más: "Esto sólo será posible mediante una (...) planificación del Desarrollo Urbano, que concilie (...) los intereses de los particulares con el interés del Bien Común (...)".
La nueva política aclara más adelante:

"La planificación del desarrollo urbano es una función privativa del Estado. En dicha planificación serán consideradas, entre otras informaciones, las tendencias del mercado (...)". Y se precisa: "Los principios aludidos consagran la libre iniciativa del sector privado el cual, en el desarrollo urbano, está llamado a ser el gestor principal".

Empero, "la iniciativa privada deberá sujetarse a la planificación que establezca el Estado, y, dentro de este marco, orientará naturalmente sus decisiones por el mercado”. Según Daher, el cambio en política implicó no un avance hacia el estatismo, como habría acusado un ortodoxo neoliberal, sino la diferenciación entre bien común y mercado, tanto más necesaria mientras más imperfecto es el mercado. Este cambio fue forzado por las consecuencias del laissez-faire.

La política neoiberal urbana fue, como en tantas muchas áreas, una simplificación hasta el paroxismo de economías complejas y externalidades importantes, convertidas mediante ceguera selectiva en economías simples, competitivas y perfectas, donde un set maximalista de básicas recetas llevaban, por el puro poder del deseo y la voluntad, al bienestar social. Antonio Daher lo dice bien:

"si se trata de reconocer el mercado, resulta científicamente evidente que el urbano es un mercado estructural e intrínsecamente imperfecto. Defender el mercado será, en rigor, corregir o compensar sus imperfecciones. No el laissez-faire.”

Terminando con señalar que el experimento de políticas urbanas neoliberales duró entre 1979 y 1989. Los programas de gobierno tanto de RN como del candidato Hernán Büchi tuvieron como componente importante la regulación en las políticas urbanas, como forma de combatir la que denominaron “anárquica aglomeración urbana”. Finalmente, cito a Daher:

"Que el reconocido éxito del modelo neoliberal en la economía chilena contrasta con su autocrítica y reconocido fracaso en el desarrollo urbano”.

Este tipo de políticas, si bien reconocidas como un fracaso incluso por sus propios promotores originales, tiene aún hoy un importante correlato en algunos modelos de administración municipal. Tal vez hoy los principales ejemplos en comunas avanzadas y con recursos son Viña del Mar y Ñuñoa. Sus actuales modelos de desarrollo tienen relación con un entreguismo desde parcial a total hacia intereses inmobiliarios, junto con una desconexión del crecimiento urbano con las capacidades viales y de espacios públicos para tener un crecimiento sustentable. Es dejar al mercado actuar y ser el protagonista de una planificación territorial mayormente espontánea. Tal vez podríamos sumar a Las Condes en esta lista, pero últimamente la administración de De La Maza ha tenido un interesante giro hacia el fortalecimiento de los espacios públicos, la innovación en el transporte urbano, y la protección de ciertos barrios por razones que van más allá de lo puramente patrimonial, incluso cuando algunas de las implementaciones y decisiones puedan ser criticables desde una perspectiva de ciudad.

El liberalismo, incluso en sus vertientes modernas, alejadas de ortodoxias y burdas simplificaciones económicas, ha tenido un histórico pánico a la planificación central en toda área de la vida en sociedad. La planificación urbana no es una excepción a esta regla, causando estertores espásmicos cuando el concepto es oído por liberales de diversas vertientes.

Hoy, por experiencia, sabemos que la opuesta alternativa, en la línea clásica ideológica del siglo XX entre Estado-Mercado, es un completo fracaso. Pero, más que arriar las banderas y declarar la derrota, el liberalismo bien podría, en este como en tantos otros temas, entender de una vez que tal línea entre Estado y mercado como opuestos excluyentes, es una idea tan atrasada como simplista. Hoy existen, en la práctica, un sinnúmero de modelos y experiencias donde las fuerzas del mercado, como expresión de algunos de los anhelos de las personas, son un buen y necesario complemento a formas de decidir sobre el devenir de los centros urbanos, pasando del mercado como alternativa a la planificación, al mercado como herramienta para una mejor planificación.

Ya sabemos que la maximización de la rentabilidad individual no es el camino para una planificación (o ausencia de planificación) urbana sensata. Esto es porque la mayoría de las relaciones y efectos provocados por políticas urbanas tienen mucho más que ver con la relación entre las personas que con lo que cada una de ellas es capaz de producir. Difícilmente uno podría desconocer que la ciudad es el espacio donde más tiene sentido asegurar que las personas son arrojadas unas contra otras para convivir y desarrollar sus propias vidas. La pregunta entonces no es tanto qué modelo económico debe adoptar una política urbana, sino qué tipo de valores y objetivos son los que tiene una vida urbana liberal, para que la política urbana los proteja, promueva y facilite desarrollar. Por supuesto, confiando en pertenecer a una línea del liberalismo moderna y madura, que abandonó la adolescencia de las certezas que tanto caracterizó a la era neoliberal, no tengo respuestas. Pero sí algunas propuestas sobre dónde debiéramos mirar en términos de principios y objetivos. Nada de maximalismos, sino direcciones generales:

- El protagonismo del espacio público en la ciudad: Nuestro hogar es nuestro reino. Lo definimos como extensión de las vidas que deseamos vivir. Pero el espacio con el que podemos contar para desplegarnos privadamente es escaso, y está bien que así sea. Por ello es la centralidad que deberían cobrar los espacios públicos como extensión de nuestras vidas privadas. Como el espacio tanto territorial como metafórico donde nuestras libertades se traslapan y proyectan en las de otros. Como tal, el despliegue de las vidas que deseamos vivir en torno a los espacios públicos son siempre un asunto delicado, ya que los usos de unos interrumpen o dañan al menos en parte los usos de otros, incluso en sus esferas privadas. Dado que la alternativa de impedir toda influencia del espacio público en la esfera privada de cada persona llevaría a cercenar los espacios públicos de toda utilidad, el camino debe ser gestionar la colisión de libertades y expresiones de maneras razonables para construir una ciudad donde las personas puedan desenvolverse de la manera que desean.

Esto lleva a que cualquier arreglo donde un grupo en particular lo gana todo, mientras los demás son los que incurren en los costos, es un mal arreglo. La ciudad liberal es aquella donde todos ceden una parte menor de sus anhelos para lograr, en conjunto, mucho más. Una donde las libertades se traslapan y se proyectan en los demás. Esto implica ser capaces de ceder en parte en horarios de actividad nocturna, en diversidad de expresiones culturales, etc. Porque espacios públicos robustos, bien diseñados, donde uno quiera pasar el tiempo y desenvolver la propia vida como extensión del mundo privado y conectarse con los demás, son esenciales para la vida urbana moderna y hoy son, tal vez, la mejor oportunidad que tenemos para mejorar la calidad de vida de nuestros ciudadanos.

- La igual ciudadanía: Cada persona vale lo mismo a los ojos de la autoridad. Frase que parece obvia y simple, tiene profundas implicancias a nivel de política pública y regulación urbana, como en transporte y movilidad urbana. Un conductor de un vehículo de 6 metros de largo tiene el mismo derecho a cada metro cuadrado de vías públicas que un ciclista que monta una bicicleta de dos metros de largo o que una persona que, literalmente, ocupa una fracción de metro cuadrado, parada en una micro. Una política correcta, entonces, no debiera ser la que expande los derechos desde la persona al vehículo que escoge usar para transportarse. Tampoco una que desde la política pública intenta privilegiar ciertos modos de transporte por sobre otros por encontrarlos moral y valóricamente más correctos ante la perspectiva del regulador. Una política correcta debiera ser la que otorga a cada persona el mismo derecho al espacio para que pueda transitarlo y usarlo de la manera que le parezca más conveniente. Sólo esta regla, ya generará suficientes cambios como para ir avanzando hacia modos de transporte más sustentables y socialmente eficientes. Este concepto de igual ciudadanía, también debiera aplicarse en la prestación de servicios públicos, en el tratamiento ante la diversidad y manifestaciones culturales y extenderse también al aspecto de las relaciones entre las personas, de modo de asegurar que el trato entre unos y otros respete la igual dignidad democrática de cada uno.

- La participación: La salida propuesta por Antonio Daher a la división entre Planificación/Estado y Planificación/Mercado, es la descentralización y democratización de los mecanismos de planificación urbana. Él llama, a esta micro planificación, su “privatización”, entendida ampliamente, de manera que trasciende a las empresas y donde el rol de los vecinos y usuarios de los territorios cobra importancia. Entonces, la planificación como resultado de la participación y fina observación de los usos urbanos que le dan personas a los espacios. Esto descentraliza y democratiza la ciudad. Tal como la aplicación de un modelo teórico, como la simple plebiscitación de toda decisión no son caminos razonables para una gestión urbana adecuada, los espacios de decisión de la autoridad debieran estar siempre sujetos a una activa revisión y juicio por parte de los ciudadanos y respaldados por el uso de abundante y transparente información: por dónde circulan los ciudadanos, o cómo se conforma la actividad pública, cultural y económica de un territorio. Entonces, una autoridad local y urbana debiera tener como gran objetivo la creación, proliferación y maduración permanente de orgánicas de participación ciudadana de base. Territoriales, temáticas y de convivencia. No sólo por el rol democratizador que es deseable de toda autoridad, sino por el insustituible rol que una participación robusta tiene sobre una planificación urbana exitosa.

- Fomento a los focos de identidad emergentes: Tal vez una de las principales herramientas con las que cuenta la autoridad urbana para realizar una planificación descentralizada y democrática, es la identificación temprana y la adopción de un rol de promover los focos de identidad emergentes. Las dinámicas propias de la ciudad, de las interacciones entre las personas y de los patrones de inversión, consumo y uso de espacios públicos, son elementos constitutivos de las identidades locales y cómo estas van evolucionando, las que se deben tener en consideración en forma permanente si lo que se pretende es entender cómo está funcionando un territorio. Cómo la ciudad está evolucionando y cómo la autoridad puede ayudar a guiar esas evoluciones de manera que minimicen escenarios dañinos (como no ocurrió en el barrio Suecia de Providencia) y cómo puede apoyarlas en forma orgánica para ir potenciando los espacios que los mismos ciudadanos construyen, (como ha ocurrido con la robusta participación ciudadana en el Barrio Yungay, de Santiago). Una autoridad urbana eficiente es una que comprende en forma fina las tendencias específicas, barrio a barrio, cuadra a cuadra, de modo de detectar tempranamente los cambios en la identidad que tienen los diversos espacios, es decir, los cambios en la manera en que las personas, vecinos o usuarios, se relacionan con un espacio determinado. Una autoridad liberal debiera generar procesos virtuosos de acompañamiento a estos cambios, de modo de erradicar a tiempo el brote de tendencias que pueden generar problemas a futuro (brotes de inseguridad, problemas de convivencia, etc.) y de minimizar los costos para las personas que los cambios, incluso los abrumadoramente positivos, siempre acarrean (gentrificación, reemplazos comerciales, etc.). Esto corre para la identificación de un determinado barrio con un comercio en particular, con una arquitectura en particular, con manifestaciones culturales particulares, etc.

- Oferta diversificada de actividad: El liberalismo moderno ha abrazado las banderas de la diversidad. No sólo defendiendo su tolerancia, sino que promoviéndola activa y decididamente. Esto tiene una importante aplicación en las políticas urbanas. Desde la diferenciación entre los barrios, a partir del fomento adecuado de focos de identidad emergentes, hasta la promoción de oferta inmobiliaria, comercial y laboral que promueva la convivencia de personas de diferente origen, identidad y cultura. Pero también en la arena de la oferta de actividad hacia los vecinos y usuarios. Sólo cuando la oferta de actividad en el espacio público y provistas por el comercio es suficientemente diversificada, la población permanente y flotante también podrá serlo. Por ello es que una autoridad urbana liberal debiera promover distintas ofertas de actividad, para diferentes intereses, culturas y experiencias. Esto, por supuesto, incluye una actividad nocturna robusta, pero segura y responsable del impacto que causa en sus vecinos.

Todos los objetivos anteriores suenan muy bien para comunas con elevado desarrollo económico y humano, pero tal vez no para comunas en contextos de pobreza. Espacios públicos, ciudadanía, participación y oferta de actividad podrían definirse como bienes suntuarios en contextos de privación y de necesidades urgentes e inmediatas. Pero esa forma de entenderlos sería un error. Buena parte de lo que compone lo que entendemos como calidad de vida, es la calidad de nuestro entorno y la forma en la que nos relacionamos con él y cómo nos relacionamos, entre nosotros, en él. Espacios, respeto, participación y actividad no son elementos suntuarios, sino mínimos para llevar vidas urbanas más llevaderas, incluso en contextos de pobreza. Incluso, en estos contextos es donde se hacen más necesarios. Ahora, mientras aumenta el desarrollo de un territorio, el proveer hacia sus habitantes y usuarios puede ser efectivamente complementado, a través de un último objetivo:
- Vocación preferente por el turismo urbano: Pocas actividades cumplen y resumen todos los objetivos anteriores, como el turismo urbano. El turismo deja recursos importantes para la actividad privada local, hace uso protagónico de espacios públicos, los que debieran ser diseñados con el potencial turístico en mente. Asegura y promueve un ambiente de diversidad cultural permanente, crea importantes espacios para la participación ciudadana en torno a cómo proveer mejores experiencias y servicios, promueve a través del flujo de recursos, uso y participación el fomento de los focos de identidad emergentes y hace necesaria y prevalente una actitud generalizada de igual ciudadanía, no sólo desde autoridades, sino desde todos los actores sociales y económicos interesados en el fomento de este turismo. Una ciudad que se toma en serio el turismo urbano es una ciudad que no duerme. Que tiene ofertas diferenciadas de experiencias, actividades y consumo a toda hora del día y de la noche. Es una ciudad que es amable en el trato entre las personas y que es intuitiva en sus usos y espacios, como señaléticas y diseño de espacios públicos, traspasando así las barreras de los idiomas. Es una ciudad organizada e integrada en sus servicios, comercio y experiencias, de manera de dar una oferta suficientemente atractiva. Como consecuencia, será una ciudad cosmopolita, generosa en hitos recordables y con un flujo de recursos suficientes como para impulsar círculos virtuosos en construir más y mejores espacios, mejor infraestructura y mejor oferta de experiencias. En fin, los más beneficiados serán siempre, más que los turistas, los usuarios y particularmente los vecinos.

Estas son sólo algunas líneas, ni exclusivas ni excluyentes, de lo que podría ser una agenda liberal de política urbana. La discusión que nos interesa es cómo corregirla, complementaria y potenciarla, para hacer del liberalismo un protagonista en la bienvenida politización de la discusión urbana que se viene y donde esperamos hacer de Providencia una plataforma que lidere la vanguardia de esta discusión.